Acogimos indiferentes la noticia de tu partida, al igual que la mayoria de los habitantes de nuestro pais, confusos y dubitativos. No merecias mas que nuestro desden, ademas la sabiduria popular afirma que todo muerto merece el respeto de los supervivientes. Debes ser la excepcion que confirma la regla porque ni muerta mereces el respeto de nadie, por lo odiosa que fuiste. Por esa razon y tras los falsos elogios vertidos en tu memoria, no podriamos hacer tu luto sin antes restablecer la verdad sobre la alimaña que fuiste en realidad. Fuiste tan miserable y despreciable que no cabe ni el animo de venganza. El daño que sembraste durante tu paso por la vida terrenal fue tan cuantioso que el alivio que nos prodiga el anuncio de tu expiracion se nos antoja insuficiente para acallar el dolor por las vidas que arrebataste, por las heridas que abriste.
Los sollozos de tu maldita estirpe, de la bruja sádica Constancia Mangue durante el ceremonial de Estado que te brindó tu yerno el ogro, no conmovieron a ninguna de las personas de buena fé que asistían al espectaculo de tu sepelio, entre tanto lujo y ostentación que sin embargo no impedirán que te pudras en la tierra como antes de ti lo hicieron todas tus victimas. Todo el País reza en silencio, no a tus prelados demoniacos e indignos, sino al mismo Dios de Amor y de Justicia, para que dé a tu satánica descendencia el merecido castigo por todo el mal que causaste a tus semejantes y que ella perpetua. Que todo el mal, toda la tristeza, todos los lamentos, toda la amargura que sembraste por doquier, vuelva a tu estirpe ahora y por siempre.
Durante dicha aberrante ceremonia de Estado, tu hija victoriana, alias güiskita (por el gen paterno),concubina de un sacerdote, tocó las mandolinas y te cantó las consabidas alabanzas de circunstancia. Afirmando que eras exactamente lo contrario de lo que fuiste, una ruina de persona. Contrariamente a lo que ella afirmó, fuiste maliciosa e injusta en el seno de tu familia, acabaste con la vida de todos tus hermanos y hermanas, primas y primos, para favorecer únicamente a tu propia descendencia. Todos ellos vivieron miserablemente y fueron asesinados por ti (Efa Mba, Domingo Eson, Olo, Teresa Nseng Nben, Ebang Mba, Badia, etc), al igual que su descendencia (asesinaste a Nguema Eyi, a hijos de Badia y de Ebang Mba). En agosto del 2001 ordenaste el asesinato de tu propia hija Maria Asuncion Nsue Okom, ejecutada en Miami por tu hijo Teodoro Biyogo, el pederasta que se acuesta con su propia hija y con la que tiene un hijo, y que asesinó de un disparo a su propio hijo.
No fuiste noble ni trabajadora sino desleal y oportunista. Desde siempre fuiste una usurpadora y una contrabandista. Todo mongomo recuerda que siendo tu hermano Efa Mba administrador de la familia Roman Garcia (cuyos integrantes huyeron de Guinea tras el intento de golpe de estado de Atanasio Ndong Miyono), le encontró la muerte repentinamente y fuiste la primera persona en acudir a su lecho de muerto, y robaste todo el dinero que había en su caja, con el que iniciaste el contrabando de café y de reventa de productos de Estatal en Gabón (tu actividad principal antes de la loteria del golpe de estado de tu yerno, el otro satánico de Koss Esangui).
Antes de la muerte sospechosa de tu hermano Efa Mba, y de tu indigno latrocinio, eráis pobres de solemnidad y pasabas todos los domingos pescando en el rio kie (mebula) para dar de comer a tus hijos. Ya que tu esposo Cándido Nsue Mba no era mas que un borracho holgazan que a la postre, y al no ser oriundo de Mongomo, sino de Akurenam, carecñia de tierra para dedicarse al cultivo de víveres como los demas hombres de su edad y de su condición. La familia de tu esposo, y otras familias radicadas desde entonces en Mongomo, si bien también de tribu obuk como los oriundos de Mongomo, llegaron huyendo de la hambruna, para lo cual el patriarca les cedió un pedacito de tierra insignificante, al que denominó irónicamente «Angong» (cuyo significado exacto en fang es joroba). A sabiendas, inculcaste a tus hijos un sentimiento de odio hacia los autenticos moradores de Mongomo de la estirpe de Mba Ndong Obama, buscando falsas alianzas en otras estirpes de tribu obuk en las que igualmente carecen de legitimidad.
Fuiste una persona hipócrita y cínica que todo lo hizo por conseguir bienes materiales, a costa de sacrificar a tu familia y lo que fuera. Cuando presentiste que el hijo del ladron de cabras Jacques Nguema Eneme (théodore obiang nguema) estaba llamado a asumir altas responsabilidades, le ofreciste a tu hija victoriana con la que mantuvo una relacion de noviazgo. Posteriormente, y ante la indecision de ésta (con pretensiones de futura religiosa), decidiste proteger tus intereses ofreciendole a constancia, cuya malicia y ambición materialista ya traslucían pese a su corta edad. Ahora responderas del asesinato de tu hija Asunción que, al parecer decidistéis eliminar por mantener tambien relaciones sexuales con el ogro de tu yerno, el sátrapa.
Al respecto, seguro no querrías traer a tu memoria el vergonzoso episodio de la oposición del administrador colonial al entonces proyectado matrimonio civil entre Obiang el hijo del ladrón de cerdos Jacques Nguema Eneme (detenido por los referidos hechos) y constancia la hija de la contrabandista (tu misma) y a la sazón del borracho empedernido Cándido (Nsue Mba), indignidad personal que se consideró entonces redhibitoria para las nupcias con un oficial adscrito a la soberanía española.
La búsqueda del bienestar material fue en efecto la única finalidad de tu vida terrenal, a la que consagraste toda tu maldad y saña, sacrificando a tu propia familia, y a hijos ajenos, rastreando restos mortales de antecesores ilustres (Mba oba en Nsoksomo y Mba Sima en Aconibe, tras el fracasado intento de caza de Mba Ndong en mongomo). Por todo ello, tendrás tu merecido en las tinieblas, y tu estirpe superviviente pronto responderá igualmente ante la justicia celestial por su implicación en la realización de tales fechorías.
Llevaste el embuste y la disimulación hasta la morada de Dios, cuyo nombre profanaste a saciedad, ofreciendo templos al prelado indigno y satanizado, ofreciendo desdeñosas dadivas y migajas a sus fieles, para comprar tu penitencia. No fuiste, como cristiana que pretendías ser, capaz de amar, y no amaste más que a tu satánica descendencia y a ti misma, solo fuiste capaz de hacer el mal, causar el dolor, despojar y desheredar a los pobres, que ahora claman justicia. Fuiste indiferente e insensible al sufrimiento y al dolor ajenos. No fuiste ni viviste como cristiana, pese a tu fascinación mórbida por la actividad eclesiástica y a los amoríos con Juan Edjang, el obispo que le quitó la corana al virus. Fuiste realmente diabólica.
No cabe duda que tu maldad intente pervivir a través de tu también satánica descendencia, pero ésta debe leer e interpretar los signos del tiempo. Por cuanto para ellos ya empezó el ocaso profetizado. Y por cuanto está escrito que tu nieto el embrujado Tontorn, el heredero forzoso de la cofradía sanguinaria, solo puede traer muerte y desdicha a nuestro Pais, como ya lo demostró en Nkoantoma acabando con la vida de cientos de inocentes y mutilando a otros tantos miles. Todas las practicas satánicas a las que se libran, todos los asesinatos y mutilaciones que practican sobre personas vivas, no redundarán en beneficio de su designio de grandeza, sino que precipitará su caída. La desgracia acecha a todos tus descendientes que no quieran arrepentirse y alejarse de las enseñanzas que les legaste.
En cuanto a ti, que te consuma el fuego per sécula seculorum.
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