Prof. Eugenio Nkogo Ondó
Con esta expresión, empiezo por recordar que José Mbomio Nsué Asié, nació en 1939, en Ayagening nzomo, Nniefang, Río Muni, Guinea Ecuatorial. Realiza estudios primarios en su pueblo natal y se traslada a Santa Isabel, de Fernando, donde, tras superar los trámites requeridos, ingresa en 1954 en la ESI, Escuela Superior Indígena. Habiendo permanecido durante cuatro años consecutivos de formación en esta institución, en 1958, obtiene el título de maestro diplomado de Enseñanza Primaria. Aquí es donde me cruzo con él, cuando a primeros de febrero del año siguiente, 1959, ingreso en el primer curso en el Seminario de Banapá, Mbomio ocupaba el puesto de celador en la Escuela Superior Indígena, a quien se veía siempre dirigiendo a sus alumnos en las ceremonias oficiales. Mi especial familiaridad, y la de otros seminaristas, con él se debió al hecho de que su hermano menor, Rafa, era uno de nuestros compañeros que estaba en el segundo curso, es decir un año más avanzado que yo; el buen vínculo fraterno que los unía y sus continuos intercambios de impresiones en ambos centros educativos de singular importancia, nos propició un contacto en el que trabamos con él una amistad que, para muchos, como se verá, duraría más allá de lo previsto. Después de haber cumplido con esmero su responsabilidad, durante varios años, será destinado a la Escuela Graduada de Enseñanza Primaria “Cristóbal Colón”, de Evinayong, ahí, deseoso de avanzar algo más en su itinerario profesional, en 1967, emprende su exitoso viaje cultural a la metrópoli, como lo hicieron otras generaciones, en concreto aterriza en Madrid. Tan pronto como llegó se esforzó por convalidar sus estudios, superando los cursos que le permitirían alcanzar el título de maestro nacional y recuperar su puesto como docente de la Escuela Primaria. Residió habitualmente en diversos barrios, tales como La Elipa, Vallecas, Orcasitas, etc. Por dondequiera que estuviese, recibía tanto a sus compatriotas, como a sus compañeros y amigos sin ninguna distinción.
Así, guardo buena memoria de la reunión que tuvimos, en su domicilio en Orcasitas con su primo, el mundialmente reconocido pintor y escultor Leandro Mbomio, en el mes de agosto de 1975, una reunión que, para mí, fue una especie de despedida porque, en octubre del mismo año, esperaba defender mi tesis doctoral, en la Complutense, y continuar mis estudios postdoctorales en la Universidad de la Sorbona, en París, donde permanecí durante un año académico. Aquel inolvidable recuerdo me invita a reproducir estas imágenes:

En la foto de la izquierda, estoy con Leandro Mbomio y, en la de derecha van los dos Mbomio.
A partir de entonces, nuestro contacto sufrirá una interrupción de varios años supuesto que, después del viaje postdoctoral a Francia, efectué otro a Ghana, en cuya universidad central, de Accra-Legon, profesé durante dos años académicos consecutivos tras los cuales me trasladé a los Estados Unidos de América. Al regresar a España, retomamos nuestro habitual contacto, en esta ocasión me dio la agradable sorpresa de que se había casado y que se había instalado definitivamente en Alcorcón.
Su última apuesta por la ampliación de sus conocimientos fue su inscripción en la Universidad politécnica de Madrid, donde tras el periodo reglamentario obtuvo el título de Licenciado en Ingeniería de Construcción Civil. Con ello se incorporó en la enseñanza Secundaria en la que, según me confesó él mismo, experimentaba un enorme placer en las clases de Lógica matemática. Se entiende, que sería en las clases del Primero de Bachillerato. Junto con la docencia, su vida se enriqueció con esta nueva actividad: la de la construcción, pero sin vivir de ella, en la que se dedicó a diseñar las casas de sus amigos, compañeros y conocidos que se lo pedían, al mismo tiempo que construyó un esbelto chalé en Juarros de Voltoya, el alegre pueblo natal de su esposa que, como su nombre lo indica, yergue a orillas del río Voltoya, en la provincia de Segovia, donde mi mujer y yo fuimos muy bien acogidos durante dos días, pero que ya no puedo precisar en qué fechas estuvimos ahí, aunque me atrevería, quizás, a afirmar que sería en verano de 2011. Su estructura reviste de una nueva concepción espacial, mucho más perceptible en la planta superior, en la que, además de las habitaciones y sus baños, diseñó un salón grande capaz de albergar a tanta gente, con el fin de que sus compatriotas pudieran aprovechar dicha oportunidad para celebrar reuniones de todo tipo, según nos cercioró el distinguido anfitrión. Así mismo, nos comentaban que había construido otra casa familiar en Malabo, Guinea. Eso nos revela que el profesor Mbomio nunca cesó de pensar en un retorno, en condiciones dignas, a esta tierra que nos vio nacer, mientras que yo le insistía
en que mi experiencia respecto a la situación me había llevado a un escepticismo irreversible por haber comprobado la veracidad y el cumplimiento de lo que en mis escritos llamo “Axioma del Conciencismo”, en el que el gran filósofo Kwame Nkrumah había afirmado, con acierto, que “Para los países independientes, el neocolonialismo es más peligroso que el colonialismo”. Por consiguiente, siendo la Guinea Ecuatorial un país neocolonizado, como la gran mayoría de los países africanos y del Tercer Mundo, en general, su dependencia absoluta de la dominación extranjera descartaba la posibilidad de un digno retorno a su seno de todos sus habitantes residentes en Occidente, al mismo tiempo que auguraba un futuro tenebroso en que ni una de las generaciones venideras, próximas o lejanas, verían su bienestar y progreso, como ocurre en otras latitudes del continente africano.

De izquierda a derecha, están: Mbomio, mi hija mayor, Verónica, su esposa, Sofi, mi hija menor, Silvia, y su madre, Soly), en el sofá del salón de nuestro piso.
Aun con eso, pudimos reforzar el puente de comunicaciones que habíamos inaugurado desde hacía decenios, como lo he reconocido ya, de tal manera que nuestra lealtad recíproca se convirtió en algo inalterable. Así, mi familia y yo mismo nos quedamos sumamente agradecidos de la visita que nos pagó en León, en agosto de 1997, dejándonos este bonito recuerdo:
Del mismo modo, me es grato evocar algunos de los momentos en que, debido a mis continuos vaivenes a Madrid, ya fuera por motivos personales o culturales, el profesor Mbomio y yo teníamos la inexcusable obligación moral de reunirnos, en cuyo caso, sólo remitiré aquí a dos ilustraciones representativas. La primera se produjo en 2007, justo en la presentación de mi obra, Síntesis sistemática de la filosofía africana, en el Colegio Mayor Universitario Ntra. Sra. de África, sito actualmente en la calle Ramiro de Maeztu, 8, en el Campus de la Complutense, Madrid. Tras el acto, nos dimos un paseo por el tan recordado barrio de Argüelles y pudimos tomar un aperitivo en una cervecería, en la calle Princesa. He ahí la correspondiente imagen:

De izquierda a derecha: un compatriota guineano de cuyo nombre no recuerdo, José Mbomio, detrás de él estoy yo, nuestros amigos madrileños, Lilette Maurin y su marido Sixto Santolino, y en el extremo, el sacerdote y escritor Sebastián Abesó Ndjeng, residente en Gran Canaria, donde, además de ser profesor de filosofía en la Universidad local de Las Palmas, ejercía como arcipreste de Arguineguín.
La segunda reunión tuvo lugar en julio de 2017, en su domicilio, en Alcorcón, Madrid, donde cumplí con mi compromiso de presentarle al joven filósofo argentino, Fernando Proto Gutiérrez, fundador de la Escuela del Pensamiento Radical y de su órgano de expresión FAIA, Revista de Filosofía Afro-Indo-Abiayalense, con sedes en Buenos Aires, quien efectuaba un periplo por España, Oriente medio y Francia, para regresar después a Argentina, su país. En aquel encuentro, el matrimonio Sofi-Mbomio nos agasajó con una opípara cena en la que estuvimos muy entretenidos en una amena conversación, como se observa aquí:

En frente, el mismo José Mbomio, sonriente, presidiendo la mesa, en el fondo de la pared, dos representaciones del genio artístico de Leandro Mbomio: “Elat ayong”, “Integración cultural” (pintura, en la izquierda) y, en el otro lado, la fotografía de una versión de la serie escultórica “Fam ya mina”, “El hombre y la mujer”. A su derecha, Fernando Proto Gutiérrez, seguido de Sofi, de pie, una de sus amigas procedente de Sevilla, quien habla, y su hija, a la que sigue el profesor Jean de Dieu Madangi y su esposa Ana, residentes también en Alcorcón.
Lejos de detenerme en las múltiples reuniones que tuvimos antes y después de estas fechas, me queda resaltar que, después de haber estado constantemente al corriente de su estado de salud, el día 26 de febrero del año en curso, decidí por fin hacerle una visita en la que me acompañó el profesor Jean de Dieu Madangi, quien no podía faltar a la cita. En esta ocasión, nos fundimos en un abrazo que duró unos minutos en los que, cogidos de las manos, le dije que habiendo efectuado todo conforme a su nivel intelectual, tanto en Guinea como en España, entonces, todos los que lo conocimos de cerca podíamos aclamar: “misión cumplida”. Después de haber estado un buen rato con él, en compañía de su esposa y de la cuidadora, nos despedimos de ellos. Ya en la calle, le dije a Madangi que, con esta visita, le habíamos dicho EL ÚLTIMO ADIOS. Y así fue.
Desde el punto de vista ideológico perteneció, en principio, al MONALIGE, Movimiento Nacional de Liberación de la Guinea Ecuatorial, como lo fue una gran mayoría de su generación. Él mismo lo confirmó a los demás compatriotas más próximos (como a mí y a Juan Carlos Ibongo, por ejemplo), al hablar de sus interminables conversaciones con su compañero de la ESI, Saturnino Ibongo Iyanga, en Madrid, sobre las pautas a seguir para alcanzar la independencia de la Guinea. Pero que, tras el descalabro de su reciente régimen democrático, fue uno de los miembros destacados de ANRD, Alianza Nacional de Restauración Democrática, en calidad de presidente del Comité de Madrid entre los años 1974 y 1980.
Cuando me llegó la triste noticia de su fallecimiento en la madrugada del 9 de julio de 2026, me percaté de que habíamos perdido a uno de nuestros modelos en la defensa de la causa guineana en España. Y, sin más comentarios, muy consternado envié mis condolencias a su amada esposa, ahora viuda Sofi, extensibles a sus hijos y demás familiares. Q. D. E. P. el gran maestro Mbomio, que el Hacedor Supremo se apiade de su alma y que su memoria perviva entre nosotros.
León, 25 de julio de 2026.