Por Nzé Gabo
Mi Madre me solía llamar cuando necesitaba de mi mano. Yo, al principio, no quería aquella forma de ayuda. La encontraba muy lejos de mi papel de hijo. Básicamente, consistía en escribir –en lugar de ella– a su hija. Su hija se llamaba como su Madre: Catalina. Por entonces cumplía sus ordenanzas formativas, de estudiante aplicada, en Rosario, Argentina.
Yo, al final, le tomé gusto a eso de escribirle a mi hermana. Ella de paso sabría que yo ya sabía escribir. Al menos para transmitirle cosas que no eran mi pensamiento. La única realidad era que MADRE y yo compartíamos, compartimos, el amor por todos los hijos de Padre. Nacidos de ella. Así que me relajaba cada vez más al emitir mis letras. Sin quitar ni poner nada más que las posiblemente mal puestas comas y puntos suspensivos.
MADRE no ponía cosas que yo pudiera entender fácilmente. Adornaba algunas palabras. Suavizaba las partes duras de los relatos. Parecía que sabía que la distancia entre ella y su ella «versión formada» y no analfabeta (o eso se decía entonces), en aquel país americano, podrían ser muy sensibles. Además, que llegaban tarde al destino.
Y así, le llegaría a mi hermana, la PSICÓLOGA, una carta que leyó cuando MADRE ya había muerto.
Llegué a Bogotá. Entré algo confundido (Omar conoce las razones). Me atendió un GUARDIA DE SEGURIDAD NEGRO. Me entendió, y me compartió su internet. Enseguida llamé a Pere Ortin, mi hermano mayor más blanco (por lo tanto, más sensible).
Pere me dijo que esperase en la puerta 5 del aeropuerto, que enviaban un coche para recogerme.. Allí esperaba yo cuando el chico africano de Colombia me dice: ‘Si viniste al Festival Gabo, hermanito, quiero que conozcas a…
Luego de aquella charla comprendí que Colombia necesita conectar a Gabo con MALABO. ¿Qué significa eso de conectar a GABO con MALABO?
Al atravesar la ciudad, rumbo a mi hotel, ocurrieron varias sorpresas. Una de ellas fue reencontrarme con una periodista mexicana, a la que tenía lejos de mi vista. Una cuñada de esas que digo yo que no se acaban.
Más tarde, para celebrar, nos fuimos a la cena de gala. Allí conocí a dos periodistas: una colombiana y una ecuatoriana. Si yo les contase a los colombianos, les diría solo una cosa: mi Madre anduvo dando las gracias a todos ustedes.
Mis ojos se llevan todo el ECUADOR adentro.
Que el resto, sea AMÉRICA y ÁFRICA, face to face.
Durante el festival me sentí arropado. En cada momento me hicieron sentir que había aterrizado a ese planeta colombiano, para aprender; para aprender sobre todo a conectar por el Sur. Se lo dije al BOSS. Le dije que yo solo no sé nada. Y cuando se lo dije, ESPAÑA y ECUADOR andaban presentes.
La noche anterior había estado reflexionando sobre «el poco tiempo» que me tocó manejar en una ciudad así. El tiempo se debe manejar mejor para mí.
Por eso voy a INVOCAR A NIETZSCHE. mi forma máxima de locura preferida, y en nombre de mi Madre, alcanzar el ecuador de ambas latitudes hispanohablantes: al final, todas estas «surrealistadas», más fruto de un valenciano residente en Barcelona, que juega a ser ATTAQUANT, y que no alcanzarían lo que exige ser GABO en esta vida, son para decir: COLOMBIA, Bogotá, gracias.
Volveré.