
Un árbitro en el fútbol es aquél Sr o Sra que trata de lograr con su presencia que 22 personas sobre el césped, o campo de juego, no se les vaya de las manos. Pues jugar en “potopotó” es diferente a jugar “on real green”.
El árbitro lleva normalmente un silbato. Y lo usa para llamar la atención. E indicar, una vez silbado, la acción que incurrió en algo muchas veces no permitido entre contrincantes que comienzan, en el deporte sano, por el respeto al rival.
En nuestro país han existido muchos árbitros. Árbitras no recuerdo ninguna. Pudo haber habido. Pero hasta donde yo se, árbitros hemos tenido varios. El que más fama tenía en el CONSORCIO, era el padre del “Sargento Coronel Müan Simol-Evès”, alias Jaeves: Bochita.
Bochita, el árbitro, bubi, había teñido varias de esas que sufren los árbitros en campos donde el césped todavía no obligaba a los que saben jugar al fútbol a jugar. Siendo el campo del mítico La Paz de Malabo quien forjase el carácter de los practicantes del “ndambá”. Y de paso, el de los árbitros como Bochita.
El salvajismo en un Deportivo Unidad era algo de esperar desde que se funda ese equipo “de las FAS”. O al menos eso decían en nuestros tiempos. Cuentan las leyendas urbanas que iban siempre con la cara de ser los elegidos del Comandante en Jefe de las FAS. Y como en todos los lugares donde mandan los militares, hasta el fútbol se volvía un acto de alto riesgo para aquellos y aquellas que jugasen contra los “grupos oficialmente armados”.
Pero habría que jugarles. El fútbol bien jugador te permite hacerle un caño a un Sargento o a un Cabo 1. Le haces el caño y encañonas a su “guardián” o guardameta. Lo fusilas de un tiro con efecto. Les haces gol y les metes la patada por donde más les duele: el orgullo.
Y a eso se dedicaron todos los clubes nacionales participantes en la liga que arbitraba Bochita. Desde el Real Rebola, “equipo rojo”, pasando por el Deportivo Mongomo y el Atlético de Malabo, hasta el mismisimo Duma Duma.
En la actual nación que albergaba la liga que llegó a pitar Bochita, dicen que existe un Árbitro y Moderador.
Cuentan que ese árbitro y moderador podría ser socio del Deportivo Mongomo. Que su palacio capitalino se encuentra en Malabo. Que controla el país inspirado en la unidad-familiaro-militar africana y occidental colonizadora, que no gusta que los rebolanos y las rebolanas enseñen ellos y ellas mismas su cultura roja. Pero sobre todo es de los que creen que los componentes del Duma Duma eran otro nivel. Otro espíritu. Más de supervivencia si lo comparamos con cualquiera de Wele Nzas. Más Zangkus…
En fin, en pocas palabras: Teodoro Obiang Nguema Mbasogo sabe que ningún partido de fútbol dura desde 1979 hasta hoy jugándose.
Y como lo sabe, entonces necesita recordárselo a los suyos arbitrados arbitrariamente y moderados por la gran obra de la tortura, la asfixia económica, la señalización social y el estigma, y sin moderación alguna porque “nadie le puede discutir nada al árbitro y moderador”. Sobre todo si todos saben que se trata, el árbitro y moderador, de un tipo al que le gusta más el tenis que el fútbol.
Obiang parece tenerle tomada la medida a todos los opositores que le tosen. Su gran misión para mantenerse estos muchos años en el poder que no dura para siempre, es sencilla: coges la sopa y la mezclas con plátano, y aquél que despotricaba contra ti, se callará. Pues él hambre les vuelve valientes. Comidos, son perros a tus pies.
Muchos opositores, cada cual en su justa medida, y sobre todo respetando por nuestra parte sus particulares historias privadas y públicas, han ido sucumbiendo, ante la población con esa fórmula “de venta de la oposición política” que Obiang y sus muchos socios internos y externos fueron inculcando a una población que estaba, y sigue estando, en la fase de descubrir que son una Nación.
La población consumió esa “venta de imagen contra los opositores políticos”. En primer lugar porque convirtió toda crítica en “política antiobiang”. En segundo lugar porque “la red de clientelismo fang de Obiang es extenso”. Y en tercer lugar, y más importante, Obiang supo hacer de maravilla el trabajo que requiere todo régimen dictatorial para “resistir embistes”: hacer creer, y sobre todo demostrar, que todas las potencias occidentales lo aceptarían más a él que ya es un “viejo conocido”, a que acepten que se pueda “empezar a confiar en algo joven desconocido”.
La población en ese aspecto “pagará” por este paso en nuestra historia con la saga de los corruptos y enfermos de poder llamada “los OBIANG”. La culpa no es de los ecuatoguineanos. Pero la responsabilidad es nuestra.
La población compró ese discurso sobre todo cuando el petróleo convirtió al hijo “vago” de un Funcionario Público, en “skafoldá” con un salario 3 veces superior al de su Padre. Por aquellas fechas se rompió la realidad nacional de clases. Muchos “vagos” se sintieron “superiores” porque manejaban muchos bienes materiales. Y sobre todo porque ya podían “pasar de los hijos de”. Que siempre iban 1000 años por delante en cuanto a ganar pasta gansa. Sin restricciones. Ni controles. Ni medidas. Los “vagos” subieron hasta “la clase media” sin haber pasado por el “purgartorio de la sabiduria”. Ya eran “ABIGUI”. Ya se sentían “a la altura de las demás naciones”. Ya eran como los OBIANG.
Al comprar ese discurso dando la espalda a la población que clamaba un reparto equitativo, forjaron otra nueva forma de ser opositor al árbitro y moderador.
Ese nuevo modelo forjado y la experiencia adquirida en “el combate contra el régimen de Obiang” llevado a cabo por oponentes que sucumbieron al “hambre” para dejarse “comprar”, es el que hoy pueden leer en Radio Macuto.
Fuera de Radio Macuto, reconocerlo es fácil: ¿usted vota al PDGE?
Esa pregunta tiene un SÍ o un No.
Si responde Sí, entonces debe saber que la política no es “guerra de tribus fang”.
Si responde No, entonces no lo dude… usted es TUTU.