No saben cómo viven las personas con escasos recursos ni cuánto sufren. No hay en el mundo aparato para medir su exacta intensidad ni sus efectos nocivos. Solo con el corazón y la conciencia se puede aproximar a los que padece para comprender tal abominable e insólita situación que llevamos viviendo en el país. Por ejemplo, durante más de cuatro décadas el gobierno no ha sido capaz de mejorar la demandada línea de medio de transporte público “Ela Nguema-Malabo” y, hasta la fecha, obliga que se siga usando autobuses inseguros, poco higiénicos e incomodos como los usados en los años noventa para transportar a las personas de un punto al otro de la ciudad capital. ¡Ninguna mejora!
Sin embargo, a lo que se dedican los responsables oficiales del sector para mostrar el saber hacer, es, por lo visto, tejer planes diabólicos para atentar contra el tesoro público y enriquecerse ilícitamente (revisar las informaciones difundidas últimamente en los medios de comunicaciones nacionales), mientras que la población vulnerable carece de lo básico y, padece de todo tipo de miseria en ausencia de una política social comprendido.
Dichas enormes lagunas están conduciendo el futuro de nuestro país navegar en océanos de graves y múltiples consecuencias como de las muertes repentinas de niños y jóvenes, disgustos, subdesarrollo, enfermedades extrañas como la tensión, etc. Una vergüenza, peligro y mala imagen para nuestro país.
Sean patrióticos, el patriotismos no se pregona verberando, sino con hechos tangibles, pero para el bien y no roedores o rapiñas.