Hasta aquí ha llegado el niño híbrido
con tamaño de orgullo y sabiduría,
de aquel valle de lágrimas
que supo aguantar.

Un pacto de charcos rojos,
con esta indefensión de niñez,
creer que la blancura del alma
es símbolo de pureza.

Y me ensucié en esta comunión cultural
la hostia del amor era una mascarada
que te quema la garganta,
hasta asfixiarte.

Y ahora, veo con otros lentes
esos trajes de piel que llevan
para esconderse de su odio
a su contrario.

Y hasta aquí ha llegado el híbrido niño,
solo, y con dignidad y con nostalgia,
de los pequeños dientes que van
saliendo detrás de él.

Joël Keffa

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