Ancestros, por piedad,
acudid pronto a nuestro rescate;
no para llevaros nuestra putrefacta
carne embrujada de egoísmo
y ceguera cerebral
sino para socorrer nuestra conciencia,
género, empatía, firmeza, lealtad;
corregir nuestra hermandad
y esquizofrénica alianza nacional,
mostrándonos el veraz camino
hacia el auge del antídoto perfecto que alivia
y sana la sed del liberalismo, progreso;
que tan inmerecidos padecemos
en nuestra propia heredad, país.
Mi patria, muy rica y bella,
pero sucumbe su población
en la miseria,
a falta de lo esencial.
Sí, así es, mi amado país está enfermo,
a solas lleva décadas agonizante en la UCI,
a la espera del último apuñalamiento de espada;
más de cuarenta años infectado,
infectado de dictadura férrea,
cáncer agresivo del progreso
y de la democracia.
Desmoralizada eterniza y vive la población
por el delicado presente que avista,
por los ya controvertidos sucesos agraviantes
y aquellos venideros tras su ineludible caída;
temblorosa pero firmes observan,
con miradas atónitas su pálida,
lenta y natural huida;
consecuencias que lloverán sobre nosotros,
a falta de instituciones libres, transparentes,
democráticos, fuertes, creíbles;
a propósito, por sembrar él lagunas
en el Testamento,
en nuestra Constitución.
Francisco Ballovera Estrada