¿Sabes que te quiero verdad? Me preguntó.
Sí, respondí.
¿Cómo te quiero, böla? ¡Con todo tu corazón! Le dije
No, rihöle, ( amor)
(Nne nkö höri le ribotyiöm ömma, böla ) yo te amo con toda mi vida, chiquita.
Fueron las palabras más emocionantes que me habían dicho jamás.
Me puse a llorar desconsoladamente, porque no me creía que a mi, o sea yo, me estuviera pasando. ¡Imposible!
¡Eso no ocurre en la vida real! Dije en silencio. Sólo en las películas o novelas. ¿Estoy soñando, verdad? Le pregunté.
Y él, no, mi amor, es real, respondió.
Y me dijo con una sonrisa conquistadora: («Wë bëe, böla, tyüi«) no llores, por favor, chiquita.
Añadió, te quiero en mi presente mejor indicativo y en mi futuro más perfecto.
Le dije: («Sityíi, nne nkö höri li nöcom, lobëbom, lö lötom omma«), pequeño, yo te amo con mis ojos, con mis labios, y con todo mi cuerpo.
Y en un segundo tan veloz, sentí una fresca y cálido ardor en mis labios, era él quien me regalaba el mejor beso que había recibido nunca.
Aquellos labios fueron lo más sabrosos, y jugosos. Hizo un juego con ellos que me dejó muerta.
Sus gemidos fueron la respuesta de mis porqués.
Me llevé los latidos de su corazón y el mi respiración.
Es precioso en serio ❤