Después de la Cumbre de la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (Cemac) celebrada el jueves, 25 de octubre, en Yamnena, todas las miradas se vuelven hacia dos países, el Congo-Brazzaville y Guinea Ecuatorial. Se llama al orden a Brazzaville y Malabo y sólo un arreglo amistoso con el Fondo Monetario Internacional (FMI) permitirá evitar una crisis de las finanzas y, por consiguiente, una devaluación.

Si oficialmente la hora está en la “solidaridad en el seno de Cemac”, para repetir las palabras del presidente chadiano, Idriss Déby, oficiosamente reina una cierta irritación entre los Jefes de Estado, divididos entre las que alcanzaron un acuerdo con el FMI y aquellos a los que hay que tirar de las orejas, a saber el Congo-Brazzaville y Guinea Ecuatorial.

Los primeros desearían que los del segundo grupo se apresuraran de pasar bajo las horcas caudinas del FMI para alejar definitivamente el espectro de una devaluación, una amenaza agitada, entre bastidores, por los grandes financieros del planeta.

Las últimas reuniones internacionales como las de la Zona del Franco en París, la Asamblea General del FMI y del Banco Mundial en Indonesia, han estudiado las medidas que hay que tomar urgentemente y estas medidas han sido repetidas a coro por los dirigentes de la Cemac.

Estos últimos insisten en la necesidad de velar por que los ingresos debidos a las exportaciones sean repatriados a los países y no vayan a hinchar las cuentas en bancos offshore

Los compromisos adoptados en Yamena llegan en el momento oportuno, mientras  la inmensa mayoría de los países preparan su presupuesto para 2019. Sin embargo, la hora en la que bastaban las palabras para calmar a los proveedores de fondos se superó hace mucho. El FMI y el Banco mundial esperan medidas fiscales concretas

 

RFI

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