A una mujer maltratada,
Permanece la trinchera del dolor oído,
como clavos oxidados en el pecho.
Y el sollozo del mar de tus ojos,
en un pañuelo,mirando al tejado
de tus mojadas manos.
Sentada, arrinconada, desconsolada.
Cara helada y doble de nombre:
las ruinas del amor no son eternas
por debajo de los escombros de la despedida.
Que ahora vas a abrirte,
un expuesto mirar a la mañana
bajo un signo de flor,
lejos de él, de su espada que no alerta.
– ¿Le tienes miedo a ella? –
Aquella fiel soledad silenciosa,
esa compañera atenta de brazos abiertos
que no hace daño y alivia.
¡Cierra los ojos!
Es tan duro llorar el amor y sus fantasmas,
lo que hace con la mano,
lo borra con el codo…
Joël KEFFA, España, 2019
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