La casa de mi padre

A los desaparecidos…

La casa de mi padre es vieja ya,
es de azul la chapa del tejado,
no hay luz, ni agua,
ni puertas, ni llave,
ni cerrojos, ni empuñadura,
pero, todos, pueden visitarle.

Ayer, le llamé y no me cogió,
tampoco, tenía mucho saldo.
Ahí, dormirá tranquilo,
lejos de las calles de grito,
lejos de la pesantez del tiempo.

Ahí, donde vive
se bebe el vino blanco de las nubes,
el aire es fresco, se come bien,
y las aves son artistas.

Ahí, donde vive
lejos del vino de sangre
con que se regodea el orgullo humano,
intenté llegar con vuelo de recuerdos.

La casa de mi padre tiene todo,
la paz de esa tierra, la armonía del universo.
En ella, nadie sale sino entra,
es un camino obligado de transeúntes.

La casa de mi padre me recuerda recuerdos.
A veces, nostálgicos, y otras, antipáticos,
por su mundo de dos lados:
Uno, de ver y otro, de sentir.

Joël Keffa

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