Por José Eugenio Nsue

Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible” (Mahatma Gandhi, 1869 – 1948, político y pensador hindú).

Desde que tengo uso de razón, una de mis aficiones ha sido la curiosidad sobre todo intelectual, no tanto fisiológica; siempre me había gustado pensar sobre el futuro, soñar despierto, preguntar sobre el porqué de las cosas, por qué pasaba lo que pasaba… por cierto, sin demasiado éxito; no encontraba siempre, casi nunca, las razones en parte porque a penas sabía leer ni escribir, cuando empecé a hacerlo, no había qué leer ni donde hacerlo; yo procedo del campo, de padres campesinos; en parte porque mi país de nacimiento está lleno de misterios, todo es misterio y tratar de usar la inteligencia (raciocinio) para entender los misterios, los hechos y los fenómenos paranormales para un adolescente no ha sido fácil. Hasta hoy sigo intrigado en entender la idiosincrasia del hombre (persona) guineano, su forma de pensar.

Esta semana, en algún grupo de WhatsApp del que formo parte se ha estado debatiendo entre otros temas, la pederastia y las violaciones que son objeto los menores de Annobón, una de las islas que conforman la República de Guinea Ecuatorial, por parte de los mismos isleños y de los verdugos militares fang que son enviados ahí para proteger y defender a los habitantes y el territorio nacional pero que se dedican a abusar de ellos, un fenómeno común en todo el país por otra parte. En cuanto a las violaciones, uno de los ‘abogados’ defensores de un presunto violador en un video colgado llegó a pedir la absolución de su defendido con un argumento peregrino, falaz y absurdo basado en el ¡¡¿Código Penal?!! del país de que toda penetración que no sea vaginal no era violación; o sea, el sexo anal u oral forzado e impuesto no está reconocido en el CP del reino de Obiang Nguema I. Tras la extrañeza de tal argumentación y la comprensión de los ‘juristas’ y magistrados que trabajan in situ que sostenían que los abogados defensores en el ejercicio y desempeño de sus funciones podían utilizar cualquier argucia, técnica, coartada aunque fuera ilegal, amoral e inmoral en defensa de su cliente; al apelar a la deontología profesional y el código de buenas prácticas que debe prevalecer como principio básico en el desempeño de toda profesión, sostienen que como la moral es religiosa (cristiana) y no todos los abogados son cristianos por lo que no se debe apelar a la ética o la moral en el ejercicio de la profesión de la abogacía.

No dejan de sorprenderme algunas ocurrencias de los paisanos a la hora de salirse con la suya cada uno, de justificar muchas absurdeces y, sobre todo, cuando se quiere utilizar una doble barra de medir: consigos mismos intentan hacer el bien y con los suyos pero con los demás les da igual y todo vale.

La ética o la moral, es decir la disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano, que viene a ser el conjunto de costumbres y normas que dirigen o valoran el comportamiento humano en una comunidad nunca tienen su origen en las religiones, no son religiosas. La ética (ethos, griego) empezó en Grecia cuando los griegos entraron en contacto con otros pueblos (egipcios, babilonios, romanos, etc) que pensaban de forma completamente contraria a ellos como consecuencia del gran desarrollo económico y comercial; para evitar que cada uno haga lo que quiera, propusieron como solución al problema de la diversidad y la aspiración a la universalidad del comportamiento, una medida o regla con la que medir las distintas maneras de vivir y los diversos comportamientos. Así que la ética estudia la conducta humana, lo malo y lo bueno, la moral, el buen vivir, la virtud, la felicidad y el deber, y se remonta en la Antigua Grecia (Aristóteles); las religiones son a posteriori, son cosas de ayer sobre todo el cristianismo, el islamismo y, hasta la madre de ambas religiones, el judaísmo.

Si bien es cierto que partiendo de la ética universal, todas y cada una de las religiones así como las sociedades (comunidades) de todo el mundo fueron adaptando para sus seguidores diversas éticas o morales según sus principios, no obstante en todas partes, todas las religiones y todas las personas creyentes, ateas o agnósticas siguen conservando los mismos valores universales de tal forma que un árabe, un moro, un indio, un hindú, un chino, un cherokee, un apache, un negro, un blanco o un cobertizo de bien sabe que: decir la verdad, no hacer trampas ni mentir, ser generoso y leal, mostrar solidaridad con personas desfavorecidas, devolver dinero perdido, evitar hacer mal a alguien, no quedarse con los bienes ni parejas ajenos… son virtudes, cualidades, valores supremos y universales; y, ¿cuál es la moral y la ética de los guineanos de la Guinea Ecuatorial? Esta es la cuestión.

El guineoecuatriano me desconcierta, me ha desconcertado desde siempre. Da igual que haya ido a la escuela, estudiado en una universidad, haya viajado por medio mundo, vivido en Europa, América o en Asia; da igual que haya sido bautizado, que sea practicante, agnóstico o ateo; da igual que sea pueblerino, campesino o ciudadano, pobre o rico, joven o anciano; sus costumbres y sus valores son a veces híbridos si no amorfos; no terminan de caracterizarse por ser tradicionalistas cuyos valores sagrados eran la defensa de la prole, el clan, la tribu; la práctica de la justicia distributiva y social (nadie pasaba hambre ni penuria en un poblado aunque no tuviera descendencia); estaba prohibido coger lo ajeno o yacer con una mujer casada…; ni son cristianos donde el decálogo (los 10 Mandamientos) es el principio innegociable de todo aquel que dice seguir a Cristo; ni tampoco son modernos, universalistas que son todos aquellos que defienden los DDHH como el fin último de todo ser humano. El guineano critica y condena el robo y la violencia cuando son contra él pero, cuando es el beneficiario lo llama aprovechar el momento y ser sagaz; quiere el bien para él y los suyos, pero no le importa el mal de los demás, no importa hacer daño al otro; quiere la justicia para sí pero no le importa usar argucias, la mentira y el engaño con tal de sacar tajada a su beneficio; se apropia de lo ajeno sin pudor y hasta es felicitado por los suyos y por la sociedad cuando lo hace indisimuladamente.

Para el guineano de Guinea Ecuatorial parece ser que la fina línea que separaba el mal del bien se ha diluido, disipado; estamos andando dando tumbos sin ser conscientes de lo que hacemos, lo que queremos y lo que defendemos. San Pablo recomienda a los cristianos una serie de actitudes muy importantes para la vida de la comunidad y para el testimonio personal: ‘sed humildes y amables, tened paciencia y soportaos unos a otros con amor, esforzaos por mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz’ (Ef.4, 1 – 3). ‘No hagáis nada por ambición o vanagloria, antes con humildad estimad a los otros como superiores a vosotros mismos. Nadie busque su interés, sino el de los demás’ (Flp.2, 3 – 4).

Por lo menos, esta es mi intención; yo no busco ni hablo por un interés personal, lo que digo y hago, lo digo y hago también por la sociedad y por el futuro de los míos, nada más. Ojalá que muchos guineanos suban en este tren que nos tiene que llevar hacia una Guinea Ecuatorial justa, próspera y éticamente sana y reconocible y no este “sauve qui peut” (salva quien puede) en el que estamos metidos. No vale decir que es por culpa del régimen; es tarea de cada uno de nosotros individualmente.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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