De pequeño, mi Padre dice que ya veía en mi más apego al dibujo que a otra cosa. Pero como también parecía yo tener ganas de seguir estudiando, pensó que mejor era interesante para mí animarme a mantener el dibujo como opción. Siempre y cuando los estudios no fueran lo de menos. Fue entonces cuando comenzamos una relación, entre él, mi Padre, y yo, que me llevaría a confiarme mucho cuando más tarde, ya adolescente, y en el bachillerato, me presenté ante él para decirle: Padre, yo es que si las matemáticas siguen dándome la tabarra, y los profesores continúan dándome golpes por no captarlas a la misma rapidez que ellos y ellas exigían, lo iba a abandonar.
¿Abandonar qué?. Preguntaría entonces “mi viejo”.
Abandonar los estudios. Respondí
Desde entonces, Padre solo se limitó a observarme evolucionar en dibujo. Siempre supe que no le gustó mi decisión sobre el abandono de las aulas de la supuesta sapiencia. Pero también se que cuando no te andas con rodeos, la gente aveces te tiene más respeto. O al menos saben que tus decisiones, de adulto, son responsabilidad tuya.
Así he funcionado toda mi vida. Tomando decisiones. Algunas acertadas. Otras erróneas. Pero al fin y al cabo, decisiones mías que han amoldado mi vida de “no formado académicamente”. Pero sólido en dibujo.
Recuerdo especialmente a mi Padre un día como el de hoy porque estoy en España y he coincidido con él. Desde que batalló, a su manera (política), para que yo saliera de las garras del criminal Jefe de Estado de su Jefe Institucional, no nos habíamos visto. En el encuentro, en el que también estaban nuestras respectivas familias, comimos salsa cacahuate y “apomanbong”. Que nos cocinó “Mi Madre”. Y de paso, para los oídos de mi hija menor, que no “me conoce en mi tierra”, Padre fue soltando esas anécdotas que hacen de mi alguien con su propia historia. Una historia en cuyo historial no faltan momentos endiablados. Pero totalmente un historial en el cual todo lo que se pueda contar, nada llevaría a nadie a señalarme con el dedo en al menos mi ciudad, MALABO.
Y fue en MALABO, la Capital de la República, donde junto a Padre, fui llevado a lo que era por aquel entonces el Centro Cultural Hispanoguineano. Yo conocía el edificio desde que pasé a vivir junto a mi familia a la Capital, provenientes de Bata City. Pero no era entonces consciente del “interés cultural” de aquel edificio construido “por los blancos” en los recientes años de la colonización que solo llevábamos 20 años desde que nuestros Abuelos, Abuelas, Padres, Madres, decidieron dejarse de ser colonizados. El llamado CCHG no necesita presentación. Su historia es fácil de rastrear desde que los nacionales le damos uso a partir del año 1968, hasta hoy mismo.
Pasaba por delante de ese lugar muchas veces yendo y saliendo de la Catedral de MALABO. Los domingos. También en mis propias aventuras de chaval que empezaba a “estudiar el nuevo territorio”. Como cuando nos íbamos a bañar al puerto de MALABO. Ese lugar era majestuoso. Para mi era como un castillo de esos que aveces salían en los libros de aventuras medievales que yo leía. Así que cuando junto a mi Padre accedí por primera vez en él, y vi lo que era su contenido para en cuanto a representaciones artísticas, me sentí como “VAL” (sinónimo de EL PRÍNCIPE VALIENTE). Estaba, en mi imaginación, en un castillo medieval conquistado por mi.
Lo que no sabía entonces esa primera vez, es que mi Padre tenía intención de que yo conquistase ese lugar con mi lápiz. Como no había podido conquistar las aulas del Luther King con mis bics.
Cuando ya poco a poco Padre me permitió comenzar a frecuentar ese lugar por mi propia cuenta, ya que de joven tampoco es que tuviera la libertad de desplazarme desde mi calle Avda/ de las Naciones Unidas, hasta la zona alta, cuasi Presidencial, de la Avda/ La Independencia, donde se ubica el CCHG (hoy CCEG), comprendí que ese lugar podría albergar lo que otros en la City de MALABO no iba a encontrar. Por ejemplo, había gente como Don Ricardo Madana. Que eran ya “maestros” que impartían “amistad” con Kike. Y también habían jóvenes como Manresa Bodipo, que eran “alumnos aventajados” de lo que es hoy nuestra importante fauna artística experimentada. Lo que indicaba que no iba a ser fácil que yo “conquistase” ese lugar. Pues la calidad, sin comparar con otros lugares del mundo, estaba al nivel de los sueños de los que allí participábamos. Ninguno de los alumnos aventajados tenía experiencia internacional. Y los maestros tampoco eran del todo profesionales. Pero en aquellos tiempos se valoraba el esfuerzo. Sobre todo las ganas que permiten que no mueran los sueños. Pues en el arte, soñar es crear.
Pasaban los años, en mi caso no mucho, y poco a poco fui dándome cuenta de que en el CCHG no iba a encontrar lo que yo necesitaba. Y es que España, salvo en HUMOR, no es precisamente un país que tenga una industria del cómic suficientemente capaz de “enamorar” a un amante de las historietas. Lo que no significa que en la España de entonces, recién salida del planeta criminal de Franco el Dictador “creador del modelo de Estado español moderno actual”, no tenga entre sus seres vivos a los mejores y algunas de las mejores dibujantes del planeta entero.
En cuestiones de hacer valer el cómic, en la época, España distaba de ser atractiva. Sobre todo en países como el mío del cual puedo “tener algo que decir” al respecto. España jamás apostaría por una evolución del dibujo en Guinea Ecuatorial. Amén de los concursos de dibujo que me harté de ganar. Y que me sirvieron de algún modo para confirmar entre mis colegas, amigos y conocidos de la sociedad, que en cuestiones de dibujo, en Guinea Ecuatorial, pocos, o ninguno, tendría a día de hoy los bemoles de “rivalizar”. Cuando yo llegué al CCHG, ya era una especie de “famoso dibujante”. Cuando abandoné la línea cultural de un centro cultural hispano guineano que apostaba más por los escritores en castellano, sinceramente había “aprendido muy poco” entre sus muros.
Mi “suerte” fue que los franceses, más experimentados en cuestiones de Bande Dessiné (BD) habían comenzado la construcción del ICEF MALABO. Y para demostrar que ellos tenían más recorrido internacional en valorar el dibujo como un buen modelo para desarrollar sociedades en vías de desarrollo como el nuestro, pusieron una impresionante biblioteca llena de libros. Además, su localización en MALABO de su edificio “estaba en mi Barrio”. Los franceses me robarían el corazón como lugar para aprender del arte propuesto por “extranjeros en mi tierra”. Pero sobre todo, entendieron que yo solo querría dibujar. Y si no podía dibujar, supieron que una biblioteca para algunos de nosotros, era IMPORTANTÍSIMA.
Para cuando abandonado el CCHG, sus más importantes figuras (desde DONATO Ndong, pasando por Papi Nguema, y jóvenes como Juan Tomás…) y me voy a estar más cerca de la biblioteca de los franceses, comienzan a sonar en MALABO las diferencias cargadas de egocentrismo que hasta hoy nos joden los sueños a muchos nacionales. Y es que muchos creyeron más en sacar tajada de sus amistades “con los blancos españoles” que aprovechar el cerebro todavía Virgen de los nacionales, para hacerse un lugar como “Pioneros de la enseñanza artística”. Muchos que frecuentaban ese lugar español tenían más interés en “hacerse notar en los ambientes de blancos”. Cuanto más les publicaban, más importancia se daban ellos en la sociedad entonces joven. Rivalizaban contra colegas en un entorno dictatorial, por ser el más y mejor visto desde Madrid. Ya eran “grandes” sin pasar por el RECONOCIMIENTO NACIONAL que era lo más importante. Ya se veían ganando pulitzers. Y esa mentalidad egocéntrica de la mayoría, que los dividía entorno a las mesas de los “blancos” que les invitaban a actos “hispanohlabntes”, o les proponían viajes a la aquel entonces Difícil de Ir, que era el Reino de España.
En definitiva, cuando abandoné la línea española de “promover la cultura”, el CCHG ya estaba condenado a convertirse en lo que es hoy: un antro dedicado a velar generales criminales y miserables.
Los “intelectuales” nacionales que “soñaban con ser reconocidos en España”, lo habían destruido todo por puro egoísmo, falta de sensibilidad artística, infraautovaloracion, poca humildad… y lo más importante: Sexo
Cuando una generación entera adopta comportamientos de esa índole, lo lógica es que ocurra lo que les ocurre hasta hoy. Hoy en dia, muchos de ellos ya viejos, y con menos luces que cuando fueron “ejes negros hispanoguineanos”, deambulan por los antros de la sapiencia señalándose entre ellos como “causantes del desastre cultural”. Algunos y algunas han muerto. Los que quedan sufren el “síndrome del eterno soñador sin causa”. Aveces tienen mucha suerte y alguien les presta micro y camara. Otras veces publican una obra que siempre acaba en alguna “lectura en aulas de alguna universidad”. Y claro, si no fuera porque son “especiales” por ser los únicos negros africanos que escriben en la de Cervantes, ya no sabríamos si siguen siendo tan creativos como cuando me los crucé por primera vez hace más de 25 años. Hoy, pese a todo, a muchos de ellos y muchas, siguen pretendiendo culpar a otros de aquel desastre. Siguen sin reconocer que su individualismo fomentó no solo el declive de los sueños de muchos jóvenes. Sino que también propicia que hoy la política cultural de un país como España en Guinea Ecuatorial apueste por “tomarnos el pelo” al buscar más “paz con la dictadura”. Que “guerra cultural” contra la misma.
Lo que yo he decidido llamar: EL DAMEPORCULISMO ARTÍSTICO NACIONAL.
Continuará…
Carta no revisada. Perdonen las faltas de ortografía.
Nsé