Tu impúdico nombre amarga la boca, a pesar del amargo
y resentimiento que tanto provoca, lo mencioné en alto…
aunque no sabes cómo se escribe ni cómo te llamas;
aun así, por codicia, tu ego te empuja ir a ocupar el trono
y alcanzas para perpetuarte en él, cual fuere el precio:
cultivando la moral se está más alto.

Yo no elegí meterme la lía en el cuello
ni elegí venir a vivir aquí o quizá lo elegí,
pero lo que yo nunca elegí es vivir en una férrea dictadura
ni vivir en un adormecido mundo de depravados…
y en esto yo estoy seguro.

Niños, jóvenes, hombres y ancianos,
todos, esclavos descabellados;
a ojos del gran rapaz ave, quien tanto los hiere
y a su merced, divagan como presas perceptibles;
llegado el apasionado momento, nadie evita ser apresado.

Pues en mi azul y verde arboleda,
repleto de resplandor; hoy inmersa en una árida jungla,
habita más muertos andantes que vivos vivientes.
¡Qué pena… y qué mañana más obsesionado!
No elegí vivir como presa, no elegí vivir golpeado.

Francisco Ballovera Estrada

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