Ayer, ayer…
En un segundo tan extraño, mágico
pude acariciar la luna,
ver las estrellas una y otra vez.
Ayer, ayer…
Mi ayer.
Había visto a mi Dios,
hermoso, en esmoquin,
estaba alegre,
satisfecho,
empujándome a lo que el llama:
«Felicidad impoluta «
Ayer, ayer…
Me besó la vida, mil veces,
me acarició el tiempo,
y los años pasados;
no hicieron mella a mi profunda gratitud.
Ayer, ayer…
Me hicieron el amor
incansablemente,
locamente increíble,
sin ser tocada,
y llegué a flor
sin ser profundamente profanada.
Ayer, ayer…
mi alma y espíritu,
fueron concebidos con el mejor susurro, que jamás se podría traducirse; ni tan siquiera en mi lengua materna.
Ayer, mi ayer…
Aprendí a aceptar, querer, adorar, amar, maravillosamente mis perfectas imperfecciones.
Ayer, mi ayer…