EL GRAN TABÚ DEL QUE NO QUIEREN OIR HABLAR LAS MUJERES AFRICANAS Y SUS MARIDOS CÓMPLICES: LA PANDEMIA DEL “PELUCAVIRUS”.
1. Millones de mujeres en África y en Afroamérica están convencidas de que para “SER NEGRA” hay que “SER BLANCA” O INTENTAR PARECERLO. Cualquier día a la salida de cualquier metro de Londres, París o Amsterdam. Sale una mujer, peluca. Sale otra, peluca. Y una tercera, peluca. La número 20, peluca. Y así hasta cien, peluca. Muchos europeos no saben cómo es el cabello natural de una africana.
2. En casa de muchas de ellas es una tradición, una costumbre. Ya no se trata de moda, sino de modo. La tatarabuela también llevaba peluca o se alisaba el cabello. Posiblemente es ella la que dijo a la hija y a la nieta que “para ser negra guapa hay que ser blanca». Muchas de nuestras mujeres padecen de “capilorexia”, una patología parecida a la anorexia. Tienen eso que en nuestra campaña llamamos “complejo de belleza inferior”.
3. Esto es, son naturalmente guapas, ciertamente, pero no terminan de verse guapas con su cabello natural o su tono de piel sin adulterar. Se perciben no tan guapas. Entienden que su belleza natural, comparativamente, es inferior y que necesitan elementos de la que suponen “belleza superior”. El cabello largo, negro, liso, sedoso… es el elemento con el que ven mejorada su belleza. Es la guinda en la cabeza.
4. Muchas, para justificarse, hablan de libertad, de dictadura de lo correcto, de que “también las blancas se ponen extensiones”. Pero quedan calladas cuando se les responde que las extensiones que utilizan “las blancas” se corresponden con su etnicidad, no desentonan. «Las blancas” no buscan pelucas de cabellos rizados para parecerse a “las negras”. Con el pelo natural africano se pueden hacer auténticas obras de arte y las mil y una maravillas. Pero tienen pereza y les falta imaginación.
5. A las que alteran su piel se les llama “Mikaelas” (por lo de M. Jackson) y también “black yellow” («negras amarillas» porque el color de su piel procesada tira más al amarillo). Las enganchadas a las pelucas son conocidas como “guapifeas” o “piloréxicas. Son medio guapas por el pelo falso que las afea.
6. Es indudable que muchas de nuestras mujeres tienen un grave problema de autoestima. Les disgusta el cabello natural propio de su etnicidad. Es necesario hacer pedagogía para que se convenzan de que no existe “pelo malo”, sino “ojo malo” que no sabe apreciar la belleza natural de la mujer afro.
7. Los hombres deben colaborar y arrancar de su mente la falsa creencia según la cual “la clara es la más guapa”. Y también debe animar a su esposa a quemar su colección de pelucas; debe quererla y amarla tal como es. Y ella debe quererse a sí misma por encima de todas las cosas. Resulta curioso que la inmensa mayoría de las creyentes odian su cabello natural, rechazan el pelo que su creador les dio. Basta ver a esas que AMENizan en las redes sociales.
Ñiane Radio Macuto, pelucavirus??
Acomplejadas y falsas