Los efectos del Coronavirus

Por José Eugenio Nsue

Una de las realidades irrefutables que la universidad de la vida nos ha enseñado a lo largo de la historia humana es que los cambios (progreso/regreso) suelen ser causados por los fenómenos naturales que pueden ser climáticos (sequías, incendios, desbordamientos de los glaciares, de lagos, etc), geofísicos (terremotos, maremotos, actividades volcánicas, etc), hídricos (inundaciones, desprendimientos, etc); históricos tales como las Guerras Mundiales, el Alunizaje del Apolo 11 o los Bombardeos en Hiroshima y Nagasaki, etc; por las Edades de la tierra en que se divide el tiempo histórico en la Edad de piedra, de los metales, Antigua, Media, Moderna y Contemporánea; por Hecho religiosos como la aparición en el mundo de Jesucristo que ha hecho que el tiempo se divida en occidente y sus colonias en antes y después de Cristo, por ejemplo; y también los cambios se producen por las pandemias, esas enfermedades epidémicas que se extienden a muchos países o que atacan a casi todos los individuos de una localidad o región. En efecto, una sociedad que ha padecido una epidemia o peste nunca vuelve a ser la misma, ahí no se vuelve a vivir como antes; a parte de las pérdidas masivas humanas, provoca innumerables crisis, económica (pérdida y destrucción de empleos), financiera (quiebra de bancos, reducción de créditos…), desde el punto de vista de las conductas y comportamientos humanos, tampoco nada vuelve a ser como antes. Allá donde ha pasado una pandemia, la vida, los hábitos de los supervivientes cambian totalmente ya sea porque se ha aprendido cómo combatir el virus, su funcionamiento y se ha tomado las precauciones debidas para evitar su contagio…

Lo que no sabíamos es el precio que íbamos a pagar con la erupción del Coronavirus primero en China (Wuhan) a finales del pasado año, después en Italia, España para luego su expansión por todo el mundo a principios del año. Sigue siendo un misterio la virulencia con que golpea a algunos países más que a otros. Cuando se habla de las pestes pandémicas anteriores, la peste negra, la gripe española, la viruela…, lo vemos como algo impertérrito que se lee en los libros de historia sin muchas imágenes y no nos hacemos la idea de lo que pudo haber pasado la gente; en cambio, los que estamos viviendo la actual pandemia, hemos visto como nos han confinado en nuestras casas con la declaración de un estado de alarma sanitaria nacional lo que ha implicado permanecer en casas todo el mundo sin la posibilidad de salir bajo ningún concepto si no es por una gestión imprescindible (ir al supermercado, al médico, a la farmacia, a los cajeros…), han suspendido todas las clases presenciales, cerrado todos los comercios, establecimientos; han suspendido todos los deportes, parado los medios de comunicación de tierra, mar y aire, etc; no solo nos han aislado a nuestros aposentos, alcobas en pos de nuestro bien y en evitación de un contagio masivo, también nos hecho tomar muy en serio algunos de los hábitos que si bien ya formaban parte de nuestro día a día cual es la higiene (lavarse las manos con asiduidad, limpiar a fondo nuestros lugares de residencia, desinfectar todos los utensilios, utilitarios…), algunos lo desdeñaban; por otro lado, nos advierten de evitar, a partir de ya, otros hábitos consustanciales con la forma de ser de los latinos, africanos y sudeuropeos en cuanto a los contactos físicos. Nos dicen que se acabaron el besarse, abrazarse, saludarse la mano; se acabaron el juntarse alrededor de una mesa, quedarse a jugar al tute, a las damas, a los dados o a los dardos; simplemente queda prohibido quedar en un bar/restaurante con amigos a tomar una cervecita, un vinito; celebrar un cumpleaños, aniversarios de boda, bautizos, bodas; hasta nos advierten que el llenar las discotecas, los estadios, las canchas, los teatros, las salas de cine o los museos se acabó. En definitiva, con la aparición del COVID-19 nos dicen que de ahora en adelante vamos a vivir UNA NUEVA REALIDAD desde el punto de vista social: guardar la distancia de seguridad a la hora de ir a comprar, trabajar, cine o a la hora de asistir a un evento deportivo o musical hasta en los lugares de trabajo habrá que guardar una distancia de seguridad; a partir de ahora tendremos que teletrabajar, pedir cita previa o apuntarse para asistir a la misa para no llenar el aforo, hasta para una consulta médica habrá que ser atendido por teléfono si no es por una urgencia.

En el aspecto económico, el panorama se presenta desolador; desde que se declaró el estado de confinamiento, a mediados de marzo, cientos de miles de trabajadores se han quedado sin trabajo, otros cientos de miles, unos cuatro millones, han acogido el ERTE que no es seguro que vuelvan a recuperar sus puestos de trabajo en meses; los comercios ahora cerrados no tienen garantías de que vuelvan a funcionar como antes; miles de autónomos y empresarios también son pesimistas con el panorama. Los indicadores económicos hablan de descalabro económico a corto y mediano plazo; los entendidos dicen que el Estado se va a encargar de subvencionar, pagar a más de 20 millones de españoles entre los funcionarios, pensionistas o jubilados, los parados que cobran las prestaciones sociales…, cuando los ingresos por impuestos se van a menguar drásticamente por falta de actividad productiva. Desde ahora se está viendo larguísimas colas de personas delante de los organismos benéficos (Cáritas, Cruz Roja, bancos de alimentos…) pidiendo ayuda alimentaria porque para algunos no les llega a cubrir los gastos necesarios, para otros no tienen a penas ingresos. Sin pretender ser alarmistas, si las previsiones no engañan, nos espera un futuro inmediato muy duro si Dios no lo remedia, aunque en España muchos pasan de Él pero conviene que nos diéramos cuenta de que tanto tiempo luchando por ser los primeros en todo, en conseguir los mejores puestos de trabajo, cargos políticos, en ganar y ganar y ganar y volver a ganar, en tener las cuentas bancarias a rebosar, vivir en chalets de lujo o mansiones; hemos llevado una vida con el único afán de poseer y ser los mejores materialmente cuando, a la hora de la verdad, lo material no nos aumenta la vida, lo que nos salva la vida precisamente es lo que no cuesta dinero ni ningún esfuerzo por conseguir: el aire puro es lo que nos vivifica, la amistad y el amor nos alegran, nos humanizan; y el cariño, la generosidad y la amabilidad nos acercan a los semejantes.

Si estamos como estamos en Europa, no quiero imaginar cómo estarían mis paisanos carísimos de mi país de nacimiento, la República de Guinea Ecuatorial; ahí se habla de todo los que mandan menos lo que realmente importa. No solo dar instrucciones y órdenes sanitarias y civiles a llevarse a cabo por la población, había que buscar mecanismos y fórmulas para aliviar la crisis y las escaseces que la pandemia iba a provocar en la sociedad pero, nada de eso se habla ni se hace; la población está abandonada a su suerte. Si antes el lema que se viene aplicando todo guineoecuatoriano desde la independencia ha sido: ‘sálvese quien pueda’, con este Coronavirus ya es: ‘escápese como y quien pueda’. Cuando el virus está apoderándose como una marea a la desamparada población, el Vicepresidente de su padre encargado de seguridad y defensa flanqueado por el primer ministro, Pascual Bailón, el ministro de sanidad, el técnico en ginecología, Salomón Nguema Owono, el ministro de (in)seguridad, Nicolás Obama Nchama, y el de interior y policías, el tal Faustino Ndong Esono Ayang, en ausencia del patriarca, el monarca de Akoakam, que sigue oculto en alguna cueva huyendo del virus, no se les ha ocurrido otra idea tras la confesión del técnico en ginecología encargado de la sanidad de que el país le faltaba de todo lo necesario para combatir la pandemia: “tenemos muchas necesidades; necesitamos materiales, necesitamos vehículos, necesitamos productos…“; o sea, en una palabra después de encarcelar y humillar a la enfermera Nuria por decir exactamente lo mismo y tras alardear a los cuatro vientos de que el país estaba equipado, preparado y listo para hacer frente a cualquier emergencia pandémica, resulta que el país está más tieso que la mojama, y el único que podía salvarlo era el heredero de la corona con su fortuna; es ordenar la compra de drones porque con ellos los sanitarios tendrán el material necesario para su auto protección, la población tendrá mascarillas y alimentos necesarios para guardar la cuarentena, los hospitales tendrán respiradores, tests de PCR para detectar los contagios, oxígeno…, los drones servirán de ambulancias para ocuparse de las poblaciones rurales y del interior del país llevándoles a los centros habilitados, y vehículos para llevar a los técnicos y las muestras de sangre para su análisis.

Para remediar la falta de productos paliativos contra el virus, el ‘Patrón’ ha mandado uno de sus aviones a comprar en Madagascar el producto milagro, ‘Covid – Organics’, y habrían traído una o dos toneladas, no se sabe si regalado o comprado, si es para toda la población de un millón de habitantes o solo para los miembros de la familia real de Akoakam como parece ser; nadie sabe cuál es la dosis que hay que tomar, cuáles son sus efectos secundarios, si el té en cuestión es preventivo, curativo o paliativo; ningún organismo internacional de la materia sanitaria lo ha avalado pero da igual como no viene de Europa, no crea alarma; es más, al tratar de un producto nacional malgache hecho a base de plantas naturales, Guinea Ecuatorial también cuenta con paisanos que dicen que ellos también pueden tratar, curar y eliminar el Coronavirus con remedios caseros y naturales como el curandero Estanislao Nsue Ondo, un esandón de Dumanduiñ afincado en Riaba, o el pastor y botánico ndowe, Gerónimo Rambe Epitie; a ellos como siempre no les han hecho caso, no les promocionan para que no se beneficien ni de la fama ni del dinero de Guinea, hay que ir a fuera a potenciar y publicitar las iniciativas extranjeras cuando se les llena la boca de ser patrióticos, de morir por el país. Mientras, los sabuesos y cachorros de Tontorín de la TVAsonga van denigrando y humillando a los poquísimos técnicos y expertos de verdad que tenemos y están intentando hacer verdaderos milagros para poner algo de cordura en el desaguisado de la sanidad nacional acusándoles de indolentes y conspiradores contra el gobierno del PDGE porque ellos militan en el diabólico partido CPDS que quiere envenenar y exterminar a los guineanos. Lo más curioso es que su partido del Sindicato del Crimen Organizado, el PDGE no cuenta con nadie capaz de hacer lo que hacen los opositores además de vociferar, insultar, torturar y matar. ¿Cómo saldrán de esta pandemia los que se salven de ese infierno? Solo Dios sabe; hasta entonces, pongamos velas a la Madre BISILA para que proteja e interceda por Guinea.

Así lo pienso y así lo digo; ¿ qué os parece?

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