Por José Eugenio Nsue
Frankenstein es un personaje de ficción que apareció por primera vez en la novela de Mary Shelle (Frankenstein o el moderno Prometeo). Se trata de un ser creado a partir de partes diferentes de cadáveres, al cual le es otorgado la vida por el Dr. Víctor Frankenstein, su creador, durante un experimento. Su uso en el lenguaje político y literario hace referencia a lo monstruoso, lo que da miedo, temor y terror; también se usa a menudo como un ejemplo negativo en lo bioético, por los experimentos ilícitos o éticamente cuestionables por su inventor.
En la Guinea Ecuatorial del rey Obiang Nguema I, todos sus gobiernos han sido y son Frankenstein porque están formandos por personajes, humanoides, de ‘tout bord’, desde analfabetos hasta gente cuerda pero sin cuerda, sin voz ni voto; personas con ideas (los que las tengan) dispares y disparatadas. El dueño y señor del coto llamado Guinea Ecuatorial nombra a mansalva a ministros y les mete como en un gallinero en una especie de granja donde la única indicación (recomendación) es forrarse cuanto se pueda y nada más.
En todos los países normales, la crisis gubernamental, los cambios de Gobierno se produce por alguna razón poderosa; puede ser por la convocatoria de las elecciones, por una debacle electoral, por el maltrecho económico, por falta de confianza popular, por una crisis aguda social…; todo eso no se tiene en cuenta cuando al rey de Akoakam se le cruzan los cables y decide cesar y nombrar a sus aduladores. Lo que es peor son los avatares, las peripecias y el precio que tienen que pagar los familiares y parientes de los aspirantes a los cargos que oferta el monarca, los ministros que tienen que practicar el baile de los malditos, que son todos o casi todos los que están dispuestos a vender sus almas propias almas, sus familiares, sus hijos, esposas, esposos, hermanos, padres y primos al diablo sólo para ocupar alguno de los puestos ofertados.
No me gustaría ni ser uno de los parientes o familiares de los aspirantes a ministrables esos días, ni mucho menos vivir esos días en el país porque todo el mundo querrá conservar su puesto e irá a ver al marabú, chamán o al brujo más prestigioso del país y si no, querrá ir a los países vecinos, Camerún, Gabón o Nigeria; o a Benin, Togo, Ghana, Malí o Chad, cunas de las prácticas brujeriles u oscurantistas para ser nombrados o elegidos. ¿Qué les piden a los que frecuentan esos sitios a cambio?: la sangre humana, las vidas de los inocentes. ¿Funcionan esas prácticas y creencias?: no está demostrado pero, son creencias arraigadas en el imaginario colectivo de todos los colectivos de los negros africanos, y particularmente entre los guineoecuatorianos hasta los practicantes religiosos, el clero incluido.
Lo que no se entiende es el porqué el rey Obiang suele cesar y nombrar los gobiernos cuando son los mismísimos de los anteriores gobiernos quienes van a ocupar las mismas carteras. Se le ha oído decir delante de los mismos postulantes o ministrables, muchos de ellos son ya decanos que son una banda de inútiles, que son unos vagos, improductivos e incapaces de defender los intereses nacionales; también les ha dicho que son incompetentes y corruptos, para que luego volver a nombrar a los mismos.
Sigo afirmando y lo seguiré haciendo hasta que la realidad me demuestre lo contrario, que el rey Obiang Nguema I cuando te nombra un cargo no suele ser por méritos académicos, ni profesionales, ni éticos, ni mucho menos humanos o sociales porque su barra de medir es su hijo, el heredero, el emperador ‘Patron’ (nadie debe estar por encima de él en ninguno de los aspectos); tanto es así que ninguno de los gobiernos nombrados por el rey padre de los mismos actores que son sus colegas de toda la vida haya funcionado; a los resultados nos remitimos. Más de 40 años de reinado con los mismos actores políticos para que estemos como estamos: echar a la gente a la calle porqueno hay dinero para pagar, cerrar empresas, la mitad de la población en paro, más del 80% de la población viviendo por debajo del umbral de la pobreza y los enfermos huyendo en estampida del país para hacerse curar en el extranjero, los que lo pueden permitir. El esperpento de presidente Obiang moviendo las aguas para que bailen sus monigotes no es más que otra maniobra de distracción.
La noticia no es que se haya disuelto el último gobierno del moribundo rey; a nadie le interesa ni le importa porque es un ‘déjà vu’, los mismos perros aunque con los collares distintos; no es una novedad. La novedad, noticia es ver y saber con quiénes contará el hasta ahora heredero de su padre, el vicepresidente, que ya ha tomado todo el poder y ya ejerce como el máximo mandatario del reino de su padre; cuántos plebeyos de su padre van a seguir en su cortejo. Esta es la cuestión. Y para volver a formar parte del Olimpo de poder de ahora el príncipe emperador Tontorín, tienen que hacer méritos todos los panfleteros y palmeros del vetusto rey para entrar en el sancta sanctorum del nuevo emperador de Akoakam, sobrino y nieto de Angong, ‘Patron’ nacional y Hermano Mayor de todos los habitantes del reino.
La noticia es ver cuáles serán las «nuevas» caras del primer Gobierno de Tedy y quiénes van a hacer el harakiri para no contar y decir todas las fechorías que han cometido y les mandaron cometer. Ahora empieza el juego. Señoras y sus señores, tomen asientos, empieza el espectáculo.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?
Que el desgobierno dimita, no es noticia.
El tonto se reunirá con los de su calana.
Una persona sensata y listo que haya cursado los estudio «básicos» es incapaz de subir al estrado para participar en este teatro maldito donde solo los incultos se pavonean.
Pues mi asiento es el número 55 para poder ver mejor el espectáculo que se avecina.
¡Qué pena!