Costa de Marfil

He aquí otros espíritus mancos
ávidos de urnas rojizas,
que pululan de odios
mi pueblo de manos blancas.

He aquí nuevas tinieblas de sangre,
y la mujer andando descalzada, y el niño llorando sus lloros.
La temperatura es alta y la fiebre ya no mata,
como aquellas balas asesinas.

He aquí mi país a la calle con el grito empedernido.
He aquí el testarudo pasado con sus viejos demonios,
he aquí la tierra que sortea a pobres almas
he aquí el desorden de sus hipócritas conciencias.

He aquí gentes culturales que ni saben que somos únicos,
en el género y en el número, en la unión y la disciplina.
Corruptas almas de un poder conflictivo
que trituran nuestra paz interior.

He aquí mi pueblo y su cansancio:
¿Cómo leer y escribir bajo tensión
de aquellos parásitos violentos
que vacían nuestra sangre?

¿Quién nos salvará del demonio que nos habita?
¿Quién nos dictará la voz de la razón?
¿Quién nos mandará acoger la paz?
¿Quién nos ayudará a acallar nuestros rencores?

Silencio. Demasiado silencio.
Ya nos vacían nuestras esperanzas,
y tengo miedo aquí, y allá,
de todos estos lados, ahora, inseguros.

¿Quién nos salvará de esta tormenta
de odios sin taburetes y palabras?
He aquí mis frágiles hojas, que,
sin embargo, son las más expresivas.

Joël KEFFA

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