Por José Eugenio Nsue

Dos semanas después me siguen retumbando las necias y absurdas palabras que el animador del circo nacional, Pascual Bailón, Primer Ministro de pacotilla del reino de los Obiang pronunció durante el mitin propagandístico con los desempleados ‘cualificados’ jóvenes guineoecuatorianos en la sala de reuniones del Ministerio del Interior en Malabo, según las cuales Guinea Ecuatorial, su Guinea, no necesitaba a licenciados en Derecho, Economía o a doctores en Ciencias Políticas porque no había dónde trabajar; el susodicho Bailón dijo textualmente: “Hay que buscar carreras profesionales, carreras que pueden darte mañana de comer; porque usted va a estar al terminar el derecho esperando que el Gobierno te coloque, ¿cuándo? Ha terminado económicas; doctorado en Ciencias Políticas…, ¿dónde, dónde va a trabajar el doctor en Ciencias Políticas? Por lo tanto quiero, por responsabilidad de padre, por responsabilidad de docente, conocedor; he dado clases en distintas estructuras de enseñanzas primaria, medias y superiores. Les quiero invitar a que la gente acceda a carreras profesionales”.

Esta mentalidad arcaica y estúpida de que se estudia una carrera o un oficio; por cierto, señor Primer Ministro de pacotilla: ¿hay alguna carrera universitaria no profesional? ¿Qué llamas tú ‘estudiar una carrera profesional’; acaso un abogado, un economista o un politólogo no son profesiones? Hay que ser necio para afirmar tales sandeces. Afirmar que se estudia una carrera para poder alimentarse y sobrevivir, ha calado en nuestra sociedad. Todos los que trabajan en el país de los Obiang, médicos, ingenieros, magistrados, abogados, arquitectos, profesores, biólogos, físicos, químicos, sacerdotes, arzobispos, etc, etc, tienen como principal preocupación la supervivencia, cómo alimentarse; es frecuente escuchar a todo el mundo decir que está trabajando aceptando cualquier circunstancia o situación, hace lo que haga falta por ganarse el pan para sí y para los suyos; defiende el pan (MACAM ÄFĚM), lo que no debería ser así; no se estudia una carrera universitaria sólo para buscar la comida, cómo vestirse, sobrevivir. Desde que Dios creó el mundo, desde que existen los seres vivos, se sabe que existen necesidades primarias, básicas, naturales, fisiológicas o instintivas como alimentarse, copular, descansar…, que se satisfacen naturalmente; el ser humano ha venido alimentándose desde el jardín del Edén con su esfuerzo físico; nuestros antepasados, progenitores se alimentaban y nos alimentaron, y muy bien; no habían ido a ninguna universidad. Alimentarse, vestirse, tener un hogar, acceso a la sanidad, ir a la escuela…son necesidades básicas que no debería faltarle a nadie en el siglo XXI.

En cambio, los estudios, la Educación y la Formación son factores que elevan al ser humano y le convierten en el dueño y dominador de todo cuanto existe y se conoce hasta hoy en el universo porque hacen que se utilice el raciocinio (facultad de la mente que permite aprender, razonar, entender, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad) y la inteligencia que le permite a la persona transformar su entorno. La Formación, la Enseñanza o la Educación se entiende como formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen, también como transmisión de conocimientos a una persona para que está adquiera una determinada formación. En este sentido, la formación puede ser: humanística o humanista (la que proporciona al hombre los elementos cognoscitivos indispensables para comprender mejor el mundo, apropiarse de una educación estética, conjuntamente con la afinación de la sensibilidad, y la elevación de las cualidades morales y éticas); científica e investigativa (que tiene como propósito formar a los estudiantes en el ámbito investigativo, a partir del desarrollo de habilidades tanto investigativas como cognitivas, que han de ser expresadas en su labor futura, sobre la base del desarrollo de capacidades y experimentos); y la formación tecnológica (desarrollo de competencias de apropiación y aplicación de conocimientos tendentes a la transformación, innovación, implementación y operación de objetos tecnológicos o de procesos de gestión, en un contexto determinado).

Por lo tanto, estudiar una carrera universitaria que fuera o una profesión es y debe ser un bien nacional, social y personal porque con ella se desarrolla la nación, la persona progresa, se hace cuerda y vuelve civilizada a la sociedad. Todos los países que han antepuesto la Formación y la Educación como pilares fundamentales sobre todo lo demás, han conocido todo tipo de desarrollo y progreso: industrial, tecnológico, científico, social y humano; ¿o es casual que Europa, América del Norte, Australia, buena parte de Asia y muchos países de América latina están industrializados, desarrollados, ordenados y civilizados? Afirmar que había que buscar carreras universitarias para que tenga medio de sustento, afirmar sin pudor que un país como Guinea Ecuatorial que carece hasta de un huerto de hortalizas no necesita a licenciados y doctorados; decir que la ‘estructura piramidal de desarrollo’ a la Obiang – Obama Asue necesita sólo un ingeniero agrónomo cuando hace falta en el país desde una granja hasta una fábrica de conservas pasando por un parque botánico, escuelas profesionales agrarias, etc, simplemente es una locura; que una persona que haya pasado, dedicado, cinco, seis o siete años en una universidad aplauda esos disparates y se ría, es prueba de que algunos pasaron por la universidad pero la universidad no pasó por ellos.

Hago mías las palabras que he encontrado en un blog, ‘todossomosclientes.blogs-pot.com’, para terminar estas reflexiones: “Siempre he creido que la frase de Mahatma Gandhi, ‘vive como si fuese a morir mañana, aprende como si fueses a vivir para siempre’, encierra verdadera sabiduría. Ambas afirmaciones siempre estarán vigentes independientemente del tiempo que le toque vivir a quien lo lea.

Aunque hoy me voy a centrar en la segunda parte, en aprender siempre. Porque el aprendizaje constante es la garantía para no estancarse, para abrir la mente y descubrir otros horizontes. Horizontes que unas veces están en el exterior y otras en nuestro interior.

El conocimiento, hoy, ya no es sólo imprescindible para el individuo, sino que es vital para la sociedad. No sólo por las repercusiones económicas que puede tener una población con una buena formación, también porque la ignorancia, el inmovilismo y la ausencia de pensamiento crítico es la causa de muchos de los males que nos encontramos en cualquier rincón del planeta”.

Nuestro país, la República de Guinea Ecuatorial languidece, desangra y está, no va, a la deriva; la única manera de rescatarlo, ir a su auxilio, es primero denunciar esta situación, desenmascarar a todos los que nos han llevado a esta situación, a los Obiangones, Obianguitos y Obianguchos de turno; segundo darnos cuenta de ello tomando conciencia cada uno de nuestra responsabilidad, para luego en tercer lugar actuar en consecuencia. Ya es hora de que cada guineano se pregunte: ¿qué puedo hacer yo por mi país? Para empezar hay que formarse, formarse y más formarse, a pesar de las zarandajas que suelta el animador del circo nacional.

De eso se trata y nada de que ‘estamos hartos de que despotriquen, hablen mal del país, hagan políticas…’ de mentecatos que sobran en el país, esos estómagos agradecidos, colaboradores, servidores y servidos del régimen criminal imperante. No nos van a acallar hasta la victoria final, victoria de la Razón y del sentido común. No se estudia para comer, vestirse, beber y para ligar; se estudia para cambiar el mundo, transformar la sociedad, comprender el porqué de las cosas y comprender al semejante, además de vivir con dignidad.

No es de extrañar por qué la Guinea del rey Obiang está en la cola de la civilización y desarrollo humano, cuando los demás licenciados y doctorados están mandando naves a Marte, fabricando aviones y barcos, construyendo puentes y rascacielos, los nuestros siguen preocupados por el qué comer, qué vestirse y dónde dormir como en la prehistoria con la anuencia de nosotros mismos. Increíble.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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