Por José Eugenio Nsue
En una sociedad opaca, amordazada e intimidada como la nuestra, atreverse a reflexionar en voz alta, describir lo que está pasando o criticar una situación, un hecho o unas prácticas anómalas, le convierte a uno en héroe para algunos, o en villano para otros; lo que nos negamos algunos es seguir siendo del montón, unos gregarios, seguir la corriente de la inmensa mayoría de los guineanos que se han convencido de que no vale la pena quejarse, hablar en voz alta o criticar nada de lo que pasa en el país; su lema vital es: ver, oír y callar hasta que la muerte toque sus puertas.
Lo que está pasando en el seno de la Iglesia católica guineana además de indignante, es vergonzoso, denigrante y ultrajante, sobre todo para los católicos comprometidos y practicantes que ven cómo toda una institución que debía ser un referente ético y moral además de espiritual para la sociedad, se ha convertido en la cuna de prácticas propias de las mafias (traición, extorsiones, negocios turbios, pactos diabólicos, prácticas esotéricas, alianzas con otras bandas mafiosas para obtener prebendas y ganar sus favores, etc), por culpa de algunos sacerdotes y prelados. El comportamiento de esos que son cada vez bastantes, está dejando a la iglesia católica por los suelos y hace que a algunos nos avergoncemos de ser católicos y seguir defendiendo nuestra iglesia al ver, leer y oír los espectáculos que hacen día sí, día también.
Sus miembros jerárquicos y su clero son incapaces de condenar sin contemplaciones la arraigada costumbre popular de frecuentar y practicar las ceremonias brujeriles (la curandería, menganga, mimbili, buti, ndendee…) que son la causa de muchas muertes, destrucción familiar y empobrecimiento del pueblo. Los mismos que frecuentan, organizan y fomentan esas ceremonias y prácticas animistas y absurdas totalmente contrarias tanto a la fe cristiana como a la doctrina de la Iglesia (no adoreis a nadie, a nadie más que a Él), son los mismos que forman los coros, ntondobě y demás movimientos eclesiásticos.
Acabamos de ver cómo uno de los prohombres del régimen recién fallecido estaba presidiendo una de esas ceremonias animistas profanando abiertamente los símbolos y los hábitos sagrados sin pudor; por todos los rincones del país las casas donde se practican esos rituales y ceremonias se proliferan, y los que las dirigen (Banjì, brujos, curanderos) son respetados y tratados con honor por el mismo clero, pero no hemos leído un solo comunicado de repulsa y condena por parte de la Conferencia Episcopal del país; no sólo no lo condenan sino que muchos de los curas y prelados son adeptos y asiduos consumidores de estas prácticas; ¿cuántas veces hemos conocido que los que se creían obispables, los que querían ser superiores en sus congregaciones y otros que querían tener fama, poder y dinero…, visitaban y participaban a los banjì, curanderos, hechiceros o marabúes? Lo más chirriante es que todas esas personas y ‘famosos’ que llevan esa doble vida de cristianos y devotos los domingos y festivos y brujos y animistas de noche, una vez muertos, los llevan a las iglesias para recibir los santos oficios y santa sepultura como si en vida llevasen una vida cristiana; no sólo el clero se presta a ese paripé sino que también los superiores se pelean para oficiar los funerales fastuosos de los ‘gerifaltes’ del régimen sólo para salir a la televisión y se olvidan el dicho de Sancho Panza en el Quijote: «al dejar este mundo y meternos la tierra adentro, por tan estrecha senda va el príncipe como el jornalero».
Todo el mundo sabe que el rey Obiang es un polígamo, hace siglos que había roto su matrimonio canónico al casarse otra vez, al igual que él muchísimos miembros y prohombres del régimen (algunos han llegado a tener hasta 8 mujeres, 2 hermanas de la misma madre como esposas), en cambio son los que se sientan en los primeros asientos de las iglesias, van bajo palio con la cúpula de la Iglesia y son los primeros en ir a comulgar junto con sus consortes; hasta se permiten llevar a los arzobispos a sus residencias privadas y a sus poblados para que les hagan misas particulares, ¿qué indica eso, qué quieren transmitir al resto de los feligreses; que hay dos doctrinas, dos enseñanzas cristianas, la de todos los católicos del mundo que prohíbe a los no casados por la iglesia, divorciados sin la dispensa eclesiástica, polígamos, etc a comulgar, y la de los católicos guineoecuatorianos de la República de Guinea Ecuatorial donde hay bara libre?
Sabíamos que desde la promulgación del Edicto de Tesalónica en el año 380 por el emperador Teodosio con el cual el cristianismo se convirtió en la religión oficial del imperio y por ende, a lo largo de la de la historia de la Iglesia ha habido una especie de simbiosis entre el Poder eclesiástico y el terrenal, entre la autoridad religiosa y la autoridad civil haciendo así caso omiso la recomendación de Cristo de dar a César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios; desde entonces, en muchos países del mundo la cúpula de la Iglesia se había vendido, colaborado y apoyado a los gobiernos totalitarios, dictatoriales. Guinea sigue anclada en esa mentalidad; lo que está pasando con el clero y sus jefes jerárquicos en su connivencia con la dictadura es alucinante.
En Guinea Ecuatorial los sacerdotes se dividen en dos clases: los curas de la primera categoría, de la nobleza, de la élite, es decir los que viven ‘bien’ como los ministros del régimen, con todos los lujos, en la opulencia; circulan en cochazos de alta gama, construyen verdaderas mansiones y tienen negocios prósperos gracias a los fajos de dinero que les entregan los prohombres y los miembros de la casa real de Akoakam, sus patrocinadores y ‘padrinos’, a cambio de adularles y hacerles misas privadas; y otros que son de la plebe, esos que o bien no tienen ‘padrinos’, o bien han optado a vivir según la vocación que habían sentido y aceptado de servir a Dios a través de los excluidos sociales y vivir el Evangelio y no ser servidos; esos son los curas anónimos, que no les importa donde les destinan y como se desplazan para el apostolado con tal de servir a Dios.
El paradigma del clero de la nobleza son el padre Fernando y el arzobispo Juan Nsue; esos ya no disimulan que son y trabajan para el régimen de Obiang, se han enfundado la elástica del PDGE, han optado públicamente por servir y defender los intereses del régimen; son millonarios y poseen una fortuna invidiable. Cada vez que hablan lo hacen no en nombre de Cristo ni de la iglesia sino en nombre del régimen y de la familia real de Akoakam.
El caso de Fernando aun igual de aberrante como el del arzobispo Nsue, es tremendo; nadie o muy pocos conocen sus logros pastorales o virtudes espirituales en todo el tiempo que ha sido Vicario General en la Diócesis de Bata además de enriquecerse aprovechando su estatus y cargo institucional, se ha peleado, desobedeciendo y ninguneado tanto al malogrado Monseñor Anacleto Sima Ngua como al actual Juan Matogo Oyana; no acepta otro destino que no sea la capital de la Provincia para estar siempre visible; tampoco se le conoce por una homilía pronunciada ni por una conferencia pronunciada o una lección magistral; está más entregado en eso que que llaman Fundación Constancia Mangue Nsue Okomo. Estos días, una vez más, se le ve en un vídeo abroncando a una pobre niña por haber recibido cuatro miserables colchones y la advierte que a hablar con su jefa, Su Majestad la reina de Angong, la que que junto con su marido, sus hijos y hermanos han sumido en una absoluta miseria y pobreza al pueblo de Guinea, pero que con el dinero robado quiere lavar su conciencia e imagen repartiendo las migajas entre los más necesitados en vez de que la Iglesia a la que pertenecen él y el otro intelectual al servicio del régimen, Anacleto Oló, les haga saber que son la causa de muchos problemas que padece el país, en cambio les apoya y los defiende; o sea, utilizan la iglesia en beneficio propio.
Otra característica de los curas de la nobleza guineana es el uso de sus ‘estudios’ no para el desarrollo humano ni social, sino como una herramienta de presunción, de prepotencia y como arma arrojadiza y de intimidación para los demás. Todo eso ocurre y nadie hace nada, el pueblo adormilado como siempre y mira hacia el otro lado. Se nota que tenemos una sociedad enferma y enfermiza.
Quién iba a decirnos que los padres Pedro Ncogo Eyi y Luis María Ondo Mayé iban a ser ejemplos de compromiso misionero en sus acciones pastorales; independientemente de que como personas todos tenemos nuestras debilidades, somos imperfectos por naturaleza (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), ellos han sido consecuentes con el Evangelio en sus homilías, sabían guardar las formas, eran discretos e imponían respeto; ¿quién no se acuerda de las predicaciones del padre Pedro en las misas de las siete de la tarde en Santuario Claret y las del padre Luis en la María Reina de Niefang? Yo recuerdo dos anécdotas de ellos en Niefang a principios de los años 80:
- Estaba agonizando en mi pueblo, Mabewele, uno de los sinvergüenzas que hacían la vida imposible a la gente (incluido mi padre que tenía a su primogénito en España) en tiempos de Macías y era impertinente con la iglesia y los cristianos practicantes; los suyos fueron a la ‘Misión’, parroquia, a pedir que los curas fueran con el coche a evacuarle y llevarle al hospital; el padre Luis negó tajantemente. Les dijo que uno que ha hecho tanto mal a tanta gente, había perseguido a la iglesia y no se había arrepentido, no merece tenerle en cuenta ni administrarle ningún sacramento, y prohibió llevar su cadáver a la iglesia; después nos dijo a los que estábamos ahí en ese momento que aquello sería una hipocresía y a Dios no le gustaba).
- En Yenvam yendo a la ciudad, a mano derecha, había una casa donde se practicaba «manganga – mimbili» (curandería); entonces había ese tipo de casas casi en todos los pueblos y habían adquirido tanta fama que todo el mundo las frecuentaba; en ellas se bebía alcohol a más no poder, se fumaba y se drogaba; los iniciados iban pintados de blanco; el padre Pedro Ncogo había advertido en sus homilías de que esas prácticas eran satánicas, los cristianos no debían acudir a ellas, además destruían las familias y mentían; muchos no hacían caso. Una noche, él se disfrazó, se puso una gorra y se quitó las gafas; se presentó ahí como un cliente más, pagó los 500 francos que se pedía, llevó una botella de licor y cajetilla de cigarrillos. Al llegar su turno, se sentó en el centro del círculo que formaban las bailarinas; la banjì le preguntó cuál era su consulta, él la dijo que estaba buscando mucho dinero que tenía en un escondite; baile por aquí, cantos por ahí, embuche e ingesta del alcohol…; la banjì le preguntó que cuántas mujeres tenía, él la dijo que tenía tres mujeres. Al final ella le dijo que quien le había cogido el dinero fue la tercera esposa que se lo va a dar a su hermano que estaba a punto de casarse; mandó que fueran a llamar a la mujer y si ella no traía el dinero, iría a cogerlo donde lo tenía escondido. El padre Pedro se quitó la gorra y se puso las gafas y se puso a sonreír con su manera particular e irónica que tenía; todos los presentes estaban saliendo de estampida, otros querían que la tierra les tragara. Él les dijo que no huyeran, quería simplemente hacerles ver que aquello era una pantomima; poco después aquella casa cerró su actividad. ¡Qué lejos quedan esos testimonios!
Luego nos extrañamos de que no se tome en serio a esos sacerdotes buscadinero, ganapanes y arribistas que utilizan el nombre de Dios en vano.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?