Por José Eugenio Nsue

«La conciencia es como un vaso, si no está limpia ensuciará todo lo que se vierte en él» (Horacio, 65 – 8 a. C., poeta romano).

No creo que me equivoque si afirmo que la conciencia es el eje en torno al cual giran todas las acciones de la persona, es la brújula que dirige, debe dirigir toda acción humana y por tanto, se es persona cuando se actúa conscientemente, si los actos de cada cual se cometen en conciencia por lo que se ha de tener la conciencia activada, encendida, enchufada permanentemente; en cambio, cuando perdemos la conciencia, al desactivarla dejamos de obrar como personas, dejamos de ser personas; nuestros actos se vuelven irracionales, irresponsables y empezamos actuar inconscientemente y al actuar así dejamos de ser responsables y pasamos a actuar obedeciendo solamente nuestros instintos primarios que son comunes al resto de los animales, así la persona se animaliza, valga el verbo, actúa como animal, reacciona como un animal y vive como un animal; la persona se vuelve insensible, irrespetuosa, se embrutece y se vuelve irracional. ¿Qué es entonces la conciencia, qué nos aporta?

Con la venia de los científicos y filósofos, me he servido de la definición de Wikipedia y de Oxford Languages que dicen lo siguiente: la conciencia se define, en términos generales, como el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno (Wikipedia); o conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos. Conocimiento responsable y personal de una cosa determinada, como un deber o una situación (conciencia cívica) (Oxford Languages). Entonces, estamos hablando de la capacidad propia de los seres humanos de reconocerse a sí mismos, de tener conocimiento y percepción de su propia existencia y de su entorno; está asociada a la actividad mental que implica un dominio por parte del propio individuo sobre sus sentidos.

Siendo la conciencia un estado mental sólo accesible por el propio sujeto, que le permite analizar cómo se percibe así mismo como ser autónomo; observamos que el comportamiento y las actuaciones de los paisanos, muchos de ellos, son inconscientes; parece que hemos matado nuestras consciencias, hemos perdido ese elemento esencial y necesario que nos debía permitir que reinaran en nuestras actuaciones, reacciones y en nuestro obrar la cordura, la mesura, la lógica y el sentido común; que tengamos conciencia cívica, social, moral, emocional…; si hubiéramos tenido despierta la conciencia, seguramente seríamos más responsables, tendríamos más empatía con nuestros semejantes y seríamos más conscientes de nuestros actos; en cambio, la falta de conciencia ha hecho que nuestra sociedad se vuelva insensible, indiferente; muchos han perdido el sentido ético, los conceptos del mal y el bien tanto en sus compromisos profesionales, sociales, religiosos como familiares y relaciones humanas lo que les lleva a ignorar valores como la generosidad, la clemencia, la compasión, la honestidad o el compromiso. Muchos guineanos, incluidos también muchos instruidos y políticos, andan confundidos, perdidos; si tuvieron alguna vez el sentido del deber, si se habían encaminado por los preceptos cristianos de evitar el mal, de no pecar (no matar, no robar, no dar falsos testimonios ni mentir, honrar a los padres, no desear ni los bienes ni las mujeres ni los hombres ajenos, etc, etc); si alguna vez tuvieron en cuenta el respeto y la dignidad de todo ser humano independientemente de su origen, estatus social, credo, sexo, creencia o color; todo se ha diluido, esfumado con la atrofia de la conciencia que padecen.

La falta de conciencia del guineoecuatoriano ha permitido que no sea capaz de darse cuenta de que apropiarse de lo ajeno, corromper y corromperse, robar, violar, maltratar, matar, mentir… son actos impuros, son delitos; el guineano vive permanentemente justificando su comportamiento hasta cuando se le ha pillado con la mano en la masa; se mosquea cuando se le llama la atención y se le invita a darse cuenta de su comportamiento y se le hace ver que sus actos son censurables; hasta se ha adulterado el lenguaje para tener la conciencia plana como un encefalograma de un cadáver por eso no le conmueve ni se avergüenza por apoderarse de los bienes que no son suyos, extorsionar públicamente a los ciudadanos nacionales y extranjeros, agredir tanto en las comisarías como en cualquier rincón del país, los ‘hombres de Dios’ viviendo como play boy y como actores de Hollywood sin que les caiga la cara de vergüenza; muchos impresentables por sus conductas amorales yendo por la vida dando lecciones de ética en las televisiones y aulas…

Así está nuestro país actualmente, si no nos demos cuenta de que sin la conciencia sana y despierta, estamos llamados a la autodestrucción y al exterminio. No somos personas simplemente porque hemos nacido con forma humana, somos personas porque utilizamos la razón y la conciencia; somos seres razonables y conscientes, ¿o no?

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué te parece?

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3 comentarios en «Cuando la persona no tiene conciencia»
  1. Suena muy bien pero, cabe preguntarse si el guineano sabe qué es la conciencia y para qué sirve. La gente que deberia dar buen ejemplo ha decidido ser amoral y anormal, pasando por el foro las normas y las pautas que nos diferencian de los animales.

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