Por José Eugenio Nsue
Cuentan que en el vecino país de España al nordeste, Francia, hubo un rey tan déspota, tan autoritario y tan dictador que se creyó que él era el Estado y el Estado era él; fue el todo poderoso Luis XIV (1638 – 1715); además del Rey de Francia, también lo fue de Navarra, copríncipe de Andorra y Conde Rival de Barcelona; y era conocido también como ‘le Roi Soleil’; el Rey Sol.
Luis XIV era el paradigma de la monarquía absoluta, que es una forma de gobierno en la que el monarca tiene el poder absoluto; en ella no existe la división de poderes (ejecutivo, legislativo y judicial); el monarca absoluto puede cambiar las decisiones o dictámenes de lo tribunales en última instancia o reformar las leyes a su voluntad (la palabra del Rey es ley), nombra y retira a sus asistentes en el gobierno a su voluntad. La unidad de todos los poderes suele considerarse justificada por estimar que la fuente del poder es Dios y que los monarcas ejercen la soberanía por derecho divino de los reyes; no hay mecanismos por los que el soberano responda por sus actos, si no es ante Dios mismo.
¿Me volverán a preguntar por qué llamo a la diabólica y satánica familia de los Obiang Nguema – Mangue Nsue Okomo, familia real de Akoakam? ¿Cómo actúan todos los miembros de dicha familia, no como los reyes absolutistas, déspotas?
Las representaciones diplomáticas en todas las partes del mundo, son misiones establecidas por un Estado (acreditante) ante otro Estado (receptor) para defender sus intereses, negociar tratados, conocer la situación existente y fomentar relaciones de cooperación entre ambos.
Hablando en cristiano, las embajadas y los diplomáticos no están para los caprichos de los gobernantes de turno, no están tampoco como mozos de recados, mayordomos ni como personal de la intendencia de la Casa Real al servicio de los señoritos y señoritas de la familia real; las embajadas y los embajadores son enviados para defender, luchar y preservar los intereses de la nación, país o Estado que representan; es decir que ellos, los embajadores y todo el personal diplomático en cualquier oficina consular en el extranjero, están y deben estar al servicio de los ciudadanos de su país, asimismo deben velar por los intereses del país que representan. Si un ciudadano está en dificultades, allí tiene que estar el canciller o el mismo embajador para solventar su dificultad o problema; en cambio, venimos observando cómo las oficinas, consulados o embajadores de Guinea Ecuatorial, lejos de ocuparse y preocuparse por los intereses y por los súbditos guineoecuatorianos en los distintos países allá donde se encuentran, sólo se preocupan y se ocupan de los “asuntos” de la familia real de Akoakam, velan por sus intereses y hacen exclusivamente todo lo que se les ordena; las embajadas y todo el cuerpo diplomático de la República de Guinea Ecuatorial son como el resto de los funcionarios de todo el país, sirvientes solo y exclusivamente de esa familia. Ninguna de las embajadas se ocupa ni se preocupa por los ciudadanos; en ninguna de las oficinas diplomáticas del país en el extranjero se interesa de los problemas y necesidades de los ciudadanos; no son capaces ni siquiera de hacer pasaportes para los que lo necesitan, no asisten a los estudiantes en dificultades, tampoco a aquellos que tienen problemas judiciales en los países donde se encuentran, ya no digamos cuando algún guineano tiene una desgracia, se ha caído enfermo o requiere ayuda de cualquier índole. Las sedes diplomáticas se han convertido en extensiones del partido único imperante, el PDGE, en el exterior.
A nadie le extraña ver oficinas (despachos) del PDGE en las sedes diplomáticas; para los Obiang, las embajadas son agencias de colocación para los suyos, para aquellos caducos sirvientes que se han quedado sin fuerzas o les son incómodos, en vez de mandarlos a sus pueblos para que puedan descansar, si es que lo pueden; los mandan lejos de los suyos para humillarlos, les convierten en presos deambulantes.
El primogénito del monarca absolutista y déspota de Akoakam, Nguema Obiang, Tontorín, es un delincuente reincidente que, como dice la Agencia EFE citando fuentes del Ministerio de AAEE inglés: “El Ministerio de exteriores inglés impone sanciones contra el Vicepresidente conocido como Teodorín, hijo del Presidente Teodoro Obiang, por su implicación en la desviación de fondos estatales a sus cuentas bancarias personales, contratos corruptos y sobornos para financiar un estilo de vida suntuoso incoherente con su salario oficial como ministro; eso incluye la compra de una mansión en París valorado en 100 millones de dólares y un Jet privado valorado en 38 millones…”. Ninguna de las afirmaciones aquí vertidas es inexacta; en ese mismo sentido, acaba de ratificar el Tribunal de Casación francés la otra condena del delincuente Tontorín que la justicia francesa le había impuesto; o sea, Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Brasil, Sudáfrica, Suiza, etc, mienten, carecen de una verdadera justicia y han declarado la guerra contra Guinea por perseguir y condenar a un delincuente. Ante la gravedad de esos hechos vergonzosos y repudiables, lo que su padre, si es que es él quien sigue mandando y sigue con vida, le ha parecido oportuno es cerrar la embajada de Guinea en Londres, romper las relaciones diplomáticas con dicho país; ¿también cerrarán las embajadas de Francia, EEUU, Brasil, Sudáfrica y Suiza? ¿Qué culpa tienen los guineanos residentes en Inglaterra cuando les cierran la embajada aunque tampoco gran cosa se hacían ahí? ¿En qué cabeza cabe el que si un súbdito de un país tiene problema con la justicia, sea de la estirpe que sea, hay que cerrar embajadas y oficinas diplomáticas y echar a todo el personal como si fueran parias?
Si había más dudas de cómo esa familia cleptómana y bestial trata a la sociedad guineoecuatoriana; aquí tenemos otro ejemplo.
Sabemos que nosotros solos, guineanos, no vamos a poder con este régimen y por lo tanto, esperamos que la Comunidad Internacional nos lo resuelva como por arte de magia. Lo vengo diciendo y seguiré diciéndolo: el hecho de haber metido a ese sujeto de Teodorín en la política, es lo peor que le habían hecho. Si le hubieran dejado que siguiera como sus hermanastros, los probetas, con sus fechorías, vida de play boys y ‘negocios’ sucios…, no habría habido tantos problemas con el gobierno y, posiblemente ese régimen habría cumplido 100 años mandando; pero ahora ¿cómo se va a tener un Presidente déspota condenado por corrupción, malversación de fondos públicos y vetado por toda Europa occidental, Norteámerica, Brasil, Sudáfrica? Francia está demostrando su declaración de intenciones; con el aterrizaje sin permiso de su helicóptero con seis militares dentro es una advertencia para Tontorín; como sigan hablando y haciendo bobadas, pueden venir a cogerlo sin a penas resistencia. Ojo!!
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?