Por José Eugenio Nsue

Aprovechando los entretiempos en las sesiones de evaluación finales llevadas a cabo esta semana, he releído a Jorge Bucay (médico psiquiatra y psicoterapeuta), su libro titulado: “Déjame que te cuente“, de cuya lectura se la recomiendo encarecidamente a todos aquellos interesados en comprenderse a sí mismos y a comprender las conductas y los comportamientos de sus semejantes. En dicho libro, he encontrado un cuento que me ha hecho acordarme de mis paisanos guineoecuatorianos y nos he visto reflejados en él.

El cuento se titula: TORNEO DE CANTO, y dice así:

Una vez, llegó a la selva un búho que había estado en cautiverio, y explicó a todos los animales las costumbres de los humanos.

Contaba, por ejemplo, que en las ciudades los hombres calificaban a los artistas por competencias, a fin de decidir quiénes eran los mejores en cada disciplina: pintura, dibujo, escultura, canto…

La idea de adoptar costumbres humanas prendió con fuerza entre los animales y quizá por ello se organizó de inmediato un concurso de canto, en el que se inscribieron rápidamente casi todos los presentes, desde el jilguero hasta el rinoceronte.

Guiados por el búho, que había aprendido en la ciudad, se decretó que el concurso se fallaría por voto secreto y universal de todos los concursantes que, de este modo, serían su propio jurado.

Así fue. Todos los animales, incluido el hombre, subieron al estrado y cantaron, recibiendo un mayor o menor aplauso de la audiencia. Después anotaron su voto en un papelito y lo colocaron, doblado, en una gran urna que estaba vigilada por el búho.

Cuando llegó el momento del recuento, el búho subió al improvisado escenario y, flanqueado por dos ancianos monos, abrió la urna para comenzar el recuento de los votos de aquel “transparente acto electoral” y “ejemplo de votación democrática”, como había oído decir a los políticos de las ciudades.
Uno de los ancianos sacó el primer voto y, el búho, ante la emoción general, gritó: “¡el primer voto, hermanos, es para nuestro amigo el burro!

Se produjo un silencio, seguido de algunos tímidos aplausos.

  • Segundo voto: ¡el burro!
    Desconcierto total.
  • Tercero: ¡el burro!

    Los concurrentes empezaron a mirarse unos a otros, sorprendidos al principio, con ojos acusadores después y, por último, al seguir apareciendo votos para el burro, cada vez más avanzados y sintiéndose culpables por sus propios votos.

    Todos sabían que no había peor canto que el desastroso rebuzno del equino. Sin embargo, uno tras otro, los votos lo elegían como el mejor de los cantantes
    .

    Y así, sucedió que terminado el escrutinio, quedó decidido por “libre elección del imperial jurado”, que el desigual y estridente grito del burro era el ganador.

    Y fue declarado como “la mejor voz de la selva y alrededores”.

    El búho explicó después lo sucedido: cada concursante, considerándose a sí mismo el indudable vencedor, había dado su voto al menos cualificado de los concursantes, aquel que no podía representar amenaza alguna.

    La votación fue casi unánime. Solo dos votos no fueron para el burro: el del propio burro, que creía que no tenía nada que perder y había votado sinceramente por la calandria, y el del hombre que, cómo no, había votado por sí mismo” (Jorge Bucay, Déjame que te cuente; págs. 53/54).

MORALEJA: Este cuento demuestra cómo somos realmente los guineanos. Todos, o casi todos, nos creemos los mejores, imprescindibles y no pensamos que nadie puede ser mejor que nosotros, y puestos a votar, preferimos dar nuestro voto a aquel o aquellos que sabemos que no nos pueden hacer sombra, que no representan ninguna amenaza; queremos rodearnos de los mediocres para que sobresalgamos aún más aunque no nos lo merezcamos. Es la actitud que vemos entre los mandatarios y líderes políticos guineanos; les gusta rodearse de mediocres, de aquellos que les bailen el agua y les tratan como si fueran dioses, los endiosan. Una actitud mezquina que Bucay define como: “el que carece, o cree carecer, de lo más necesario”; “el que necesita lo que no tiene para dejar de ser diminuto”; “el que niega a dar porque todo lo quiere para él”; “es el pobre desquiciado infeliz que no puede ver más deseos que los suyos”.

Así es la actitud de muchísimos guineanos; una actitud imposible de construir una sociedad, formar un equipo humano con el que realizar un proyecto común, luchar por las causas nobles, por res pública; es más, resulta casi imposible encontrar a un grupo de 10 guineanos que anteponga el inter común y no al propio. El guineano padece de EGOLATRÍA, es hiper ególatra (culto, adoración o amor excesivo de sí mismo); la egolatría conlleva al EGOCENTRISMO (valoración excesiva de la propia personalidad que lleva a una persona a creerse el centro de todas las preocupaciones y atenciones), y este nos lleva a la VANIDAD (orgullo de la persona que tiene en un alto concepto sus propios méritos y un afán excesivo de ser admirado y considerado por ellos); esta hace que los seres humanos se vuelven EGOISTAS (anteponer el interés propio al ajeno, lo que se suele acarrear un perjuicio a los demás).

Los guineanos nos hemos vuelto insultantemente muy egoístas, probablemente por culpa de los regímenes de los parientes Nguema que haciendo suyo el lema del emperador romano Julio César de “divide y vencerás”, han conseguido despojarnos de todos los principios y valores humanístico-cristianos de solidaridad, caridad, empatía, justicia, amor fraterno, etc, y nos han enemistado, enfrentado hasta el extremo de que los padres ya no les preocupan sus hijos, esos tampoco les importan sus padres; los maridos traicionan a sus esposas, esas hacen lo mismo con sus maridos; los hermanos se llevan como perros; las tribus antes vecinas y hermanadas se han convertido en enemigas irreconciliables; las etnias que juntas habían conformado la nación guineoecuatoriana en fraterna unión, sin discriminar, ahora se odian a muerte. Y así está siendo casi imposible articular un proyecto común, construir una sola nación, formar un solo pueblo, forjar un mismo destino y tener una misma aspiración cual es un BIENESTAR COMÚN y la FELICIDAD PARA TODOS.

Ese debe, tiene que ser nuestra prioridad y nuestro objetivo imperioso. Dejemos apartados de una vez a Obiang y su régimen; ellos ya son historia pasada, no deben volver a influir en nuestras vidas; superémoslo para siempre; pongámonos las manos a la obra para rescatar, refundar, regenerar y reconstruir nuestra bella y hermosa nación todos sus hijos e hijas que la amamos, queremos y sentimos por ella. Por todos los que murieron por la independencia, por todos los que han muerto por defender los derechos de todos, por todas las víctimas de la barbarie de los criminales parientes de dictadores; por todos tus muertos, mis muertos, nuestros muertos; hagamos que la República de Guinea Ecuatorial se levante de una vez, brille con luz propia gracias a las aportaciones de sus hijos e hijas egregios que haberlos, hay los. Depende de ti, de mi, de todos y cada uno de nosotros; ¿Qué esperamos entonces?

¿ Ya ven por qué insisto, apelo, ruego, sugiero y propongo que el primer desembarco a Guinea Ecuatorial tras la marcha al otro barrio del innombrable criminal emérito, tendrá que ser los psiquiatras, psicoterapeutas y psicólogos? Toda Guinea padece de neurosis y psicopatía. Preocupantemente, el país se ha llenado de neuróticos y psicópatas; si no se reconoce este extremo como en todas las enfermedades, no se podrá curarse. Dejad de esconderse detrás de las fechorías, crueldades y crímenes del régimen de Obiang y sus secuaces. Guinea Ecuatorial está enferma en la UCI, necesita urgentemente un Centro Psiquiátrico para salvar si no todos, por lo menos a una inmensa mayoría de guineanos, por el amor de Dios.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

Radio Macuto Facebook

Impactos: 421

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.