Por José Eugenio Nsue

El continente africano es singular desde su raza dominante, la negra, hasta sus múltiples manifestaciones culturales, las divisiones antropológicas en etnias, tribus y clanes pasando por su azarosa historia. Para algunos es el primer continente donde empezó la vida y para otros no es más que un continente donde la evolución y el tiempo esquivaron dejándolo en tierra de nadie y anclado en el primitivismo; esto lo sabíamos todos, ¿pero por eso los africanos, en su gran mayoría, divagamos sobre las cuestiones de vital importancia de nuestra existencia, nuestra realidad y nuestra historia para llegar a conclusiones cuando menos descabelladas?, llama poderosamente la atención.

Desde que Putin, el Presidente ruso, invadiera Ucrania una fiebre pro rusa se ha apoderado de los políticos africanos, todos dictadores, así como muchos jóvenes africanos bastantes de ellos intelectuales, profesionales y africanistas comparable con la adhesión inusitada e inaudita a Al Qaeda y algunos de sus fundadores, Osama Bin Laden tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Las Torres Gemelas de Nueva York; en aquel entonces hasta Guinea Ecuatorial, un país exclusivamente católico, los padres ponían a sus hijos nombres como Osama, Bin Laden o Mullah Omar; muchos adultos también se hacían llamar igual y con nombres de sus organizaciones terroristas tales como Talibán, Yihadista…para demostrar así su rechazo a los norteamericanos y a los neocolonistas occidentales, aducían.

A día de hoy a nadie con una mínima formación e información desconoce el daño que Occidente ha hecho y sigue haciendo al continente africano, los atropellos y la doble vara de medir según sus intereses lo que el Cardenal Robert Sarah llama en su libro ‘Se hace tarde y anochece ‘: «una moral de geometría variable «; él afirma, con toda la razón, que Occidente quiere imponer al mundo entero su visión antropológica y moral. El Occidente mientras habla de la paz en el mundo, de los Derechos Humanos, la familia entendida desde múltiples vertientes, y el uso de la razón y la inteligencia como principios del desarrollo y evolución humanos, y de la sociedad; al mismo tiempo son los que fabrican las armas y las venden en el Tercer Mundo para que los pobres se maten entre ellos, promocionan vacunas anticonceptivas para esterilizar a las mujeres africanas para que no haya más natalidad en el continente; mantienen, promocionan y apoyan a los dictadores y mandan asesinar a los líderes africanos con ideas claras y dispuestos a hacer de África un continente homologable como Patrice Lumumba, Thomas Ankara…, imponen una moneda, el Franco Cefas, a varios países africanos que en lugar de hacerlos progresar, les arruina.

Todo eso se sabe, pero cabe hacer varias preguntas a los propios africanos; esto es lo que el Occidente hace en nuestro continente, pero mientras tanto, ¿qué hacemos nosotros mismos? Hace más de 50 años que el 80% de los países africanos accedieron a la independencia, ¿qué hemos hecho con estas independencias? ¿Qué parte de responsabilidad tienen los propios dirigentes africanos cuando se prestan a ser marionetas de los occidentales? Todos los demás continentes que padecieron tanto la esclavitud como la colonización (América, Asia y Australia), han pasado página, se han repuesto y quitado de encima ese yugo de la colonización; ¿por qué África en cambio sigue anclado en ese discurso derrotista?

Lejos de despojarnos de esos complejos históricos, hacer lo que los demás continentes expoliados, explotados y sometidos han hecho para levantarse y reconstruir, los africanos están buscando abrazarse a otras potencias como China y/o Rusia. Desde vetustos y criminales dictadores como Obiang Nguema que tras apoyarse desde los americanos y Francia fundamentalmente para perpetuarse en el poder y acomodar a toda su familia en los puestos claves de la administración del Estado, ahora se atreve a pedir que Rusia se haga con África porque ‘no exige como el Occidente y respeta los gobiernos africanos’; hasta muchos jóvenes africanos que viven en Europa y América del Norte (EEUU y Canadá) y otros viven en África enfadados con el Europa y América viviendo entre occidentales, gozan de todas las comodidades y libertades que ofrecen los países esos países occidentales, en cambio lanzan duros ataques a la cultura, las instituciones y al sistema de gobiernos (democracia) occidentales; por otra parte ensalzan la forma de gobierno de Putin, apoyan la política y la potencia armamentística de Rusia, justifican la invasión rusa de Ucrania y le piden a Putin que venga a librarles de las potencias y la influencia occidentales.

Y aquí es donde les confunden a algunos; se quejan de los «opresores» occidentales que les hacen la vida imposible y arruinan a su continente, y lo hacen desde los países a los que critican haciendo uso de las libertades (expresión) que caracterizan esos países «opresores» sin que les pase nada; se visten con la ropa confeccionada en Occidente, los que trabajan en dichos países lo hacen con todas las garantías que dan el sistema de gobierno al que critican que respeta la separación de poderes y donde la libertad de culto está garantizada, donde la sanidad y la educación además de derechos fundamentales, son públicas y gratuitas; en definitiva, están haciendo uso de los derechos característicos de los países occidentales, y una inmensa mayoría de sus ciudadanos vive bien, libre y con garantías jurídicas; pero apoyan, se solidarizan y prefieren regímenes como China y Rusia que no respetan ni la alternancia democrática, ni las libertades de expresión y culto; no hay derecho ni de manifestación ni de huelga.

Que lo prefieran los dictadores africanos porque están buscando nuevos refugios donde parapetarse ya que la Europa y la América que les cuidaban a cambio de expoliar los recursos naturales del continente están en declive, en crisis y lo más probable es que entren a gobernar nacionalistas y populistas que ni podrán con sus naciones, ni mucho menos van a seguir con esas prácticas con el Tercer Mundo; pero que tengan esa misma mentalidad e inclinación hacia el horizonte y la influencia chino-rusa para mejorar la vida de los africanos y hacer desarrollar el continente, me parece absurdo y craso error. No sé entiende por qué a los africanos nos gusta ser gregarios, subordinados y nos atemoriza ser innovadores, emprendedores y actores de nuestro propio destino por su puesto siempre con la colaboración y cooperación de las potencias afines. ¿Dondese sienten a gusto e identificados con la cultura occidental, oriental o con la caucásica?

Desde luego que para el servidor, no hay elección: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer; prefiero mi religión, mi cultura occidental y muchos elementos de mi tradición africanos pero en versión mejorada; ¿y vosotros?

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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