A pesar de ser creyentes, católicos, apostólicos y practicantes, no acabamos de asimilar el que la muerte forma parte de la vida intrínsecamente; mientras vivimos debemos saber certeramente que vamos a morir en cualquier momento. Otra certeza es que para un cristiano, la muerte no es el final del camino, no es el punto y aparte de la vida ni tampoco es el san se acabó sino que la muerte es un paso más hacia la vida eterna, celestial; es el paso hacia el paraíso (el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá para siempre. Jn 11: 17 – 27).
No esperaba escribir sobre mi tío Francisco ELA ABEME a título póstumo tan pronto y en esos términos porque daba por hecho que íbamos a encontrarnos pronto, muy pronto en nuestro, en nuestros distritos Añisok – Micomiseng (de mis tíos maternales) y Sevilla de Niefang; lo que tenía para decirle, ahí se lo iba a decir ante todo el mundo. Precisamente por eso, no sé qué dedicarle si un réquiem (oración que reza la iglesia católica por los difuntos), una oda (alabanza), un panegírico (discurso en el que se alaba a alguien, a un santo), una elegía (lamentación por la muerte o desgracia de una persona), o simplemente un epitafio (inscripción grabada o destinada a ser grabada en una sepultura).
A Francisco ELA ABEME le merecen todos los géneros descritos arriba y todo lo que haga falta; ha sido uno de los guineanos más cultos con los que yo he podido conocer, relacionarme, hablar y sobre todo, escuchar y aprender; él era un libro abierto, tenía una sabiduría innata, un hombre instruido, amante de la lectura, ferviente del saber; hasta sus últimas horas de vida, estaba instruyendo; murió lúcido. ELA ABEME era amante del diálogo, defensor a ultranza de la unidad nacional, del entendimiento de todas las etnias nacionales de la República; defensor y luchador incansable por la democracia y las libertades del país, orgulloso de ser fang, ntumu, beti, guineano, africanista y ciudadano del mundo; era un maestro vocacional, no se cansaba de enseñarnos sobre la historia y evolución de los fang desde sus orígenes allá por el Nilo hasta sus asentamientos a lo largo de los grandes ríos de África central Congo, Campo y Benito o Wele; lo mismo té hablaba de la tradición y cultura fang, africana, como la europea; lo mismo te hablaba de la literatura, historia universal, los valores cristianos, como del derecho que era lo suyo. Estudió Derecho en la Universidad de La Laguna, Tenerife y había ejercido exitosamente como abogado durante más de 30 años en dicha isla.
Francisco ELA ABEME había colaborado con casi toda la oposición guineana en el exilio poniendo su granito de arena para que hubiera un cambio democrático en Guinea; parece que favoreció la creación de la CORED. En definitiva, nos ha dejado un guineano polifacético, ilustre, cabal, señorial, intelectual e íntegro; uno de esos guineanos que de haber tenido la dicha de estar en el país y formar parte en el Gobierno, seguramente las cosas hubieran sido mucho mejor, pero ha muerto lejos de su tierra que tanto amó y quiso porque la dictadura imperante no permite que los ilustres y preparados hijos de esa tierra puedan volver para contribuir a su desarrollo. Al igual que otros muchos otros paisanos, ELA ABEME ha muerto después de haber luchado tanto tiempo por y para la democratización de nuestro país.
Puede ser que para muchos crean que el diablo de Obiang y su diabólica familia sean invencibles, que todos los que luchamos contra su diabólico régimen sanguinario y dictatorial estamos llamados al fracaso, que ellos son sempiternos y nada les puede pasar. Francisco muere en la víspera de la fatídica fecha del 3 de agosto cuando el conspirador, maquiavélico y asesino sobrino consumó el plan que durante once años venía maquinando contra su tío, accediendo al poder tras haber barrido, asesinado a todos los que le podían haber hecho sombra en su afán de apropiarse del poder; y eso que se atribuye o le atribuyen la autoría del golpe de Estado de 1979 cuando él estaba cagándose de miedo literalmente escondido en alguna parte de Malabo o Gabón mientras otros como Oyó Riquesa, Florencio Mayé Ela, Santiago Beé Ayetebe, Cristino Seriche Bioco o mi tío Antonio Esiga, etc estaban al frente combatiendo. Pues esto es una guerra; puede que estén ganando la batalla, pero aún sigue la guerra hasta la victoria final.
A mi me enseñaron que la gente ilustre, válida y valiosa no moría; para inmortalizarse había que escribir un libro, plantar un árbol o parir a una persona; mi tío ELA ABEME no solo escribió un libro, publicó varios artículos y lo hacía divinamente, también parió a cuatro soles de hijos que cualquiera estaría orgulloso; sobre todo, sembró, aleccionó, adoctrinó, contribuyó y enseñó a tantos guineanos de bien, cuyo legado jamás podrá caerse en el olvido. Por lo tanto, él no está muerto, no puede morir. No murieron ni Cristo, ni Ghandi, ni Nelson Mandela, ni Martin Luther King, ni Teresa de Calcuta; mi tío está descansando, ha ido a esperar al demonio que está diezmando y maltratando a nuestra población y a nuestro pueblo; seguro que antes de entrar en el reino de los cielos, estará aguardando en la bifurcación entre el paraíso y el infierno para asestarle un buen coscorrón al monarca de Akoakam a su paso por el infierno que le espera, aunque hace el remolón, se le acaba el tiempo.
Así que tío, sé que nos ves, nos lees y estás orgulloso de todo lo que has hecho aunque no puedes hablar ya más con nosotros; te aseguro que seguiremos con la lucha por la justicia, las libertades, la unidad y la democracia para nuestro país; y hasta entonces, como te gustaba acabar con tus sabías lecciones: HE DICHO. Hasta siempre, Francisco ELA ABEME. Descansa en paz.
Así lo pienso y así lo digo; ¿cómo os parece?
Elá Abeme y yo coincidimos en Zaragoza, en la primera reunión de la Junta Coordinadora de la Oposición de Guinea Ecuatorial-(1979):había oído hablar de el y de su activismo político en el Monalige y también cuando fundó Frelige (Frente de Liberación de Guinea Ecuatorial), como líder de este partido se presentó y ocupó la presidencia de Junta. Desde entonces no paró de luchar contra las dictadura de los Nguema en Guinea Ecuatorial. Intentó todo lo humano y divino para que su país no sucumbiera en la barbarie. Siempre se sintió orgulloso de ser Guineoecuatoriano. Dos días antes de morir hablamos por teléfono por mediación de nuestro hermano Ambrosio. Le pregunté qué necesitaba, me dijo que nada, que no tenía dolor y que le faltaba un poco el aire para hablar como solíamos hacer. Me dijo que no nos olvidemos de él y que la lucha continúa por la democracia en Guinea Ecuatorial. Que desde donde el esté, seguirá luchando junto a los que le precedieron en el camino. Nos espera como buen anfitrión que solía ser en su casa de La Laguna. Que lleguemos lo más tarde posible; y con la misión cumplida.
Descansa en Paz Ela Abeme