Por José Eugenio Nsue
«Hermanos, os mandamos en nombre del Señor Jesucristo que os apartéis de todo Hermano que viva desordenadamente y no según la tradición que de nosotros recibisteis.
Ya sabéis vosotros cómo debéis imitarnos, pues estando entre vosotros no vivimos desordenadamente, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que día y noche con fatiga y cansancio trabajamos para no ser una carga a ninguno de vosotros. No porque no tengamos derecho, sino por daros en nosotros un modelo que imitar.
Además, cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado que hay entre vosotros que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A esos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan.
Vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien. Si alguno no obedece a lo que os decimos en esta carta, a ese señaladle y no tratéis con él, para que se avergüence. Pero no le miréis como a enemigo, sino amonestadle como a hermano» (2a Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, 3, 6 – 15).
Esta Carta de San Pablo (extracto) a los habitantes de Tesalónica parece dirigida a los guineoecuatorianos en todos sus extremos.
Escuchando las quejas del promotor de la manifestación del 12 de octubre en la embajada guineana en Madrid, el influencer, Máximo Manso Ndong, en un vídeo que circula por las redes sociales en el que lamenta la incapacidad y la indiferencia de los guineanos, su gran mayoría, por luchar por sus derechos y apoyar a los que sí están dispuestos a dar la cara por ellos, me he acordado de esa Carta de San Pablo.
Máximo ha metido el dedo en la llaga al quejarse y lamentar por la actitud incomprensible, indiferente, conformista e indolente de los guineanos que por otra parte quieren que les ayuden en sus necesidades. Los que dicen que no había que ayudar bajo ningún concepto a los guineanos como el conocido de Manso Ndong por si de esa forma pueden espabilar, despertarse de una vez y darse cuenta que cada uno ha de luchar y procurar su propio bienestar primero, y luchar apoyando los unos a los otros como sociedad, tendrán razón.
Cuando analizamos el comportamiento de los guineanos consigo mismos, con sus familias, con su entorno y con su patria, país, observamos que todos casi tienen un denominador común, unas características específicas como es el egoísmo, la apatía así como la inacción, lo que les paralizan y convierten en seres amorfos, insensibles y parados (a los hechos nos remitimos). La actitud de muchos guineanos frente a la situación que atraviesa el país, frente al sufrimiento de sus semejantes y frente a lo que les pasa a ellos mismos y a sus familias y familiares es inexplicable, desconcertante y hasta desesperante. Todos se quejan por las injusticias y por los malos atropellos, pero no reaccionan, se quedan paralizados; todos quieren el cambio, dicen estar hartos de vivir permanentemente arrodillados, humillados, maltratados pero, al mismo tiempo se prestan a darles pleitesía y servir a sus mismos verdugos sin pudor; quieren que se les ayude pero no están dispuestos ni para ayudar, ni para apoyar.
Todo el país se ha acostumbrado a vivir de la caridad y de las ‘ayudas’ que son las migajas y limosnas que los pronombres del régimen acostumbran ir repartiendo muy de vez en cuando en sus poblados y ciudades durante alguna celebración especial, fiestas nacionales, patronales o cuando se acercan las falsas y fraudulentas elecciones que se organizan con cierta frecuencia; y las que dan muchas ONGs, órdenes religiosas y muchas personas de buena voluntad a los más vulnerables y a las familias con personas dependientes o con enfermedades difícilmente curables en el país. A pesar de ser, en todo caso, una iniciativa personal, solidaria y altruista, los guineanos se creen con derecho a ello, exigen que se les ayuden y no agradecen. Esa misma actitud pasa muy a menudo en el seno de muchas familias y entre ‘amigos’; uno es considerado, estimado y valorado cuanto más tiene, aporta y ayuda a la familia; no importa que sea el menor de la familia, si es el que más tiene y más aporta, es el más considerado por lo que actualmente en el país, el respeto y la consideración es proporcional a los medios y el grado de generosidad que se tiene; cuanto más se tiene más consideración y más respeto te tienen, cuanto menos se tiene menos respeto te tendrán.
Los que llevamos tiempo preguntando y preguntándonos por el comportamiento generalizado de los guineanos en su indiferencia, resignación, pasotismo y la falta de compromiso familiar, ideológica y social nos dicen algunos que se debe a la ignorancia de la mayoría de la población que no sabe cuáles son sus deberes ni sus derechos, qué pueden o no hacer; otros lo atribuyen a la férrea dictadura que asola el país lo que ha hecho que todo el mundo tenga y viva con pánico y sufra de parálisis…, pero esos argumentos (excusas) pierden consistencia cuando llevamos esa misma actitud y el mismo comportamiento fuera de nuestras fronteras, en países occidentales donde las libertades de expresión, manifestación y de movimiento están garantizadas y, ni aun así no somos capaces de cambiar nuestras pautas conductuales. ¿Qué nos impide para apoyar y acudir a las manifestaciones y expresar públicamente nuestro descontento, si es el caso? ¿Qué nos impide a los guineanos para que nos unamos y defendamos juntos nuestros derechos? ¿Qué hace que no hagamos nada cuando vienen a nuestras humildes moradas a humillarnos y a despojarnos hasta nuestra dignidad? Si tenemos miedo a que nos matan en nuestro país, ¿por qué desde el exterior y malviviendo como malvivimos muchos de nosotros, tampoco somos capaces de protestar, sacar fuera la rabia que llevamos dentro? ¿Cómo es que seguimos defendiendo el régimen que mata a nuestros seres queridos, arruina a nuestro país y trunca los sueños de todos los jóvenes guineoecuatorianos? Hay más chivatos pedegistas en todos los países donde hay guineanos que moscas, y muchos de ellos son muertos de hambre y parásitos si no delincuentes.
Conclusión: esta forma de ser de los guineanos lo llevamos en nuestros genes, está en nuestro ADN; no sabemos, no queremos, o no podemos vivir de otra forma lamentablemente. Para poder vencer esa actitud patológica insolidaria, indolente y apática no nos queda otra solución que aplicar la Carta de San Pablo a los Tesalonicenses, a ver si nos espabilamos.
La solidaridad cristiana es buena y recomendable para todos los cristianos pero tiene que ser recíproca. El guineano ha comprendido muy mal ese mensaje de caridad cristiana. No se trata de recibir siempre o pedir para que te asistan mientras que tú no eres capaz o no quieres dar ni aportar nada de tu parte. Todos nos necesitamos y tenemos que ayudarnos mutuamente; los que pueden hacerlo económicamente, que lo hagan; otros que pueden hacerlo en especie, también es válido; y otros que pueden hacerlo con un consejo, una sonrisa, o con su presencia para apoyar o manifestar, también vale.
Esa mala costumbre de los guineanos de creer que la caridad cristiana consiste en recibir de los demás y no dar ni aportar nada no es cristiano. Los benedictinos nos recuerdan con su lema de: ‘ora et labora’ (ora y trabaja), pide a Dios pero, al mismo tiempo trabaja para ganarse la vida; y hasta la sabiduría popular también nos lo recuerda cuando dice: a Dios rogando con el mazo dando. Debemos y tenemos los guineanos que luchar por nuestra dignidad, por nuestros hijos y por nuestro país, cada uno en sus posibilidades; todos servimos.
Así como vamos, como hacemos, como estamos y como vivimos no podremos cambiar nada. No podemos convertir la necesidad de pedir (pedigüeño) en profesión, tampoco debemos quedarnos con la excusa de la ignorancia para no abrir los ojos para saber lo que está pasando. Ya es hora de que los guineanos nos demos cuenta de que tal como estamos nunca nos levantaremos ni saldremos de donde estamos. Y la culpa de es del todo de la Monarquía de Akoakam. Si queremos pedir, pidamos un barco lleno de psicólogos y psiquiatras para que vengan a espabilarnos y hacernos usar nuestras cabezas, que mucha falta nos hace.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?
Que artículo tan bueno, hacía tiempo que no leía algo así. Totalmente de acuerdo.