La corrupción, la madre de las pandemias de Guinea Ecuatorial

Por José Eugenio Nsue

Ver una injusticia y no hacer nada es no tener valor‘ (Confucio, 551 – 479 a. C., pensador chino y fundador del Confucianismo).

La corrupción está siendo la madre del cordero de todas las pandemias de nuestro país; es el origen de todos nuestros males y de todas nuestras desgracias, es la causa de la violencia institucionalizada, las injusticias generalizadas, la falta de educación, de libertades, la sanidad, de las extorsiones, etc, etc; todo el país se ha abrazado a la corrupción como su modus vivendi.

Antes, no hace mucho tiempo, en nuestro país había gente con escrúpulos; nuestros mayores, jefes tribales y étnicos, muchos padres de familia eran personas responsables, cuidadosos y respetuosas con lo ajeno; se esmeraban en mantener intacta su reputación y practicaban la justicia social, distributiva y equitativa en desempeño de sus funciones y responsabilidades; no querían que sus apellidos se manchasen por prácticas y actitudes vergonzantes; cada cual hacía todo lo imposible para que su honorabilidad estuviera sin mancha. Era gente honorable, ejemplar y modelos a imitar y orgullo de sus familias, poblados o tribus. Después llegaron los misioneros claretianos y nos trajeron el Evangelio de Jesucristo, gracias a Él nos transmitieron e inculcaron los valores cristianos contemplados en el Decálogo como el no matar, no robar, no decir falsos testimonios ni mentir, no codiciar los bienes, las mujeres y los hombres ajenos, honrar a los padres…; con ello se completó el código ético preexistente en nuestras culturas entre los mayores de nuestros pueblos del que acudían los hijos para guiarse por la vida y tratar de ser si no los mejores, al menos igual que sus padres. Gracias a esa educación en valores y ejemplos de nuestros mayores (padres) recibidos, muchos, muchísimos de las generaciones anteriores a la independencia, hemos tratado de mantener viva la que era su regla de oro: ‘POBRES PERO HONESTOS’.

Pero, como en todas las familias nunca faltan ovejas negras, mientras nuestros padres se dedicaron a inculcarnos los valores y principios éticos tradicional – éticos, otros en cambio se dedicaron en sembrar e inculcar a los suyos contravalores, a vivir sin escrúpulos, de forma deshonesta, a practicar la delincuencia y a vivir del engaño. Lamentablemente, durante la Autonomía sobre todo, aquellos que se habían acostumbrado al mundo del hampa y de pillos, aquellos que habían hecho del engaño un arte y convertido en su modo de vida en sus poblados, al desplazarse a las ciudades continuaron con ese modo de vida; es decir, empezaron a engañar a los colonos, a robarles y hasta torturarlos hasta matar. Sus descendientes, viendo que el oficio de la corrupción de sus padres daba buenos réditos, ellos también empezaron a ganarse la vida de la misma forma, a probar los cursos (exámenes) a base de hacer trampas (chuletas). La población empezó a verlos como verdaderos héroes y heroínas ya que engañar al blanco (colonos) y hacerles el mayor daño posible estaba visto como una gesta porque había que escarmentar a los “okupas” hasta echarlos.

Tras la independencia que ganaron los mismos tramposos y deshonestos, siguieron haciendo lo mismo pero, esta vez al no haber españoles, blancos usurpadores, esos pasaron a ocupar los puestos de mando y de dirección en la Administración General del Estado y en todas las demás instituciones, así como en los cuerpos y fuerzas de la Seguridad del Estado. De esta forma, como los zorros nunca pueden ser los guardianes del coral, la corrupción ha ido extendiéndose en todas las capas sociales, en todas las administraciones e instituciones hasta en la iglesia.

En la República de Guinea Ecuatorial, nadie se libra de las prácticas corruptelas ya sea como benefactor, ya como víctima. La corrupción está consagrada y bendecida en todo el país, está tan bien vista que los pocos que no quieren llevar esa vida corrupta son los malos y los desprecian; la corrupción está considerada como la profesión más noble, más eficaz y más rentable por todos. Robar, hacerse con los recursos del Estado, coger del erario público, llevarse a casa productos y mercancías sustraídos de donde se trabaja,quitar o sacar dinero de la caja de un súper, una oficina de la aduana, de un peaje, acostarse con la mujer u hombre casado, mentir descaradamente o exhibir públicamente los bienes robados, no solo ya no es pecado en Guinea, ni siquiera es un delito ante los Obiang porque son los campeones olímpicos de estas prácticas; ya no avergüenza a nadie en el país; es más, los que así actúan son los más apreciados, los más cotizados y los mejores valorados a nivel nacional.

La corrupción ha llegado a cotas apocalípticas en Guinea Ecuatorial; empezando por la familia cleptómana dueña del país con su patriarca, el rey de Akoakam, a la cabeza, secundado por su larguísima prole, consortes, parientes y amigos, todos viven mangando, expropian, se apoderan y desvalijan a mansalva todo lo que pillan a su paso; por eso son los más acaudalados de toda Guinea; no hay un solo miembro de esa maligna familia pobre, ni necesitado y no porque tienen oficio ni beneficio; ver a un miembro de esa familia con una profesión o con estudios es casi misión imposible pero en cambio, todos tienen bienes, cuentas bancarias millonarias incontables en el país y fuera. Imitándolos, están todos los que forman parte de ese aquelarre. Obiang Nguema mismo lo dice: “nadie vive en el país solo con su sueldo”, al referirse a los funcionarios que se murmuran cuando pasan meses sin cobrar; “todos se han hecho ricos y millonarios sin haber recibido herencias de sus parientes, solo porque trabajan en la administración”, cuando habla con y a sus colegas lacayos. Llama corruptos a sus colaboradores para a continuación volver a nombrarlos en los mismos puestos. Lo único que ha sido fiel el rey Obiang Nguema I en toda su vida es en la confianza que ha depositado en sus estrechos colaboradores y amigos de fechorías y en sus familiares; los lleva nombrando desde que se entronizó, y ahora ya nombra también a los hijos de esos para que sigan con la misma actividad: saquear y arruinar el país. Cada una de las lujosas y villas donde viven los Obiang y sus colaboradores sirve de banco de depósito, en ellas amasan los dineros robados.

Eso de coger a unos cuantos, torturalos y exponerlos ante las televisiones acusándoles de haber llevado a sus casas o fuera del país ingentes cantidades de dinero robado, no es más que un juego macabro y un ajuste de cuentas entre las distintas facciones de este caduco régimen que está desmoronándose y algunos listillos aprovechando la ausencia del Gato quieren ajustar las cuentas los unos con los otros y entre rivales; nada tiene que ver con la lucha contra la corrupción porque si fuera el caso, primero empezarían por confiscar los bólidos, los yates, las flotas de aviones, los supermercados, las fundaciones, así como los barcos, las mansiones, las cuentas bancarias y otros bienes que los Obiang, Nguema, Mangue Nsue Okomo y todos sus colaboradores tienen tanto fuera del país como dentro para que aporten los justificantes, facturas, pagos de los correspondientes impuestos y el origen de los dineros utilizados que justifican que todos esos bienes acumulados son de origen lícito; ¿a que no se atreven? ¿Os imagináis a los fiscales y jueces anticorrupción, los grupos y cuerpos especiales de la Seguridad Nacional especialistas en la lucha contra el blanqueo de dinero y crimen organizado tocando el timbre del Palacio de Tontorín para registrar y verificar el origen de su fortuna como se hace en los países serios? ¿A que no?

Solo por ver la cara de… de Teddy, se cagarían en los pantalones literalmente porque son unos cagones. Pero ese día llegará, está llegando y muchos lo verán; así que pidamos solo que Dios nos dé un poco más de vida. Ese momento está cerca, el momento de su rechinar de los dientes.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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Comentarios

    Quintín Ondo,o Mucha,a Avomo

    (noviembre 15, 2020 - 21:32)

    ¡Ánimo!!; compañeros de “la democracia”.

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