Por José Eugenio Nsue
Se sabe que todo lo que tiene principio siempre tiene final, no hay nada eterno bajo el sol; todo pasa.
Desde que triunfó la Revolución Cubana, resultado del movimiento revolucionario cubano de izquierda que provocó la caída del régimen del dictador Fulgencio Batista, y la llegada al poder del Ejército Rebelde, liderado por el Comandante Fidel Castro (26 de julio 1953 – 1 de enero 1959), Cuba pasó guatamala a guatapeor. Todas las promesas hechas por los jóvenes oficiales revolucionarios del ejército y aliados como el Che Guevara al pueblo cubano y justificaban el levantamiento de más libertades de expresión, de movimiento y credo; más justicia social y más derechos civiles, fueron a pararse en el baúl de los recuerdos, y lo que se implantó en la isla caribeña fue la represión y más represión. Fidel Castro vio que el Comunismo era la mejor opción para controlar al pueblo y a la población; maniató a los cubanos, prohibió todos los movimientos sociales y civiles como los sindicatos, persiguió vilmente a la iglesia católica, silenció a toda la prensa independiente y libre, se apropió y expropió todas las iniciativas privadas (empresas, industrias, propiedades privadas…); entre eso y los embargos impuestos por norteamericanos y la comunidad internacional, Cuba y los cubanos pasaron a vivir con muchas, muchísimas estrecheces; la isla con un potencial enorme de riquezas por su clima, mar caribeña y demás recursos pasó a vivir en una pobreza solemne; los cubanos fueron amordazados, pasan hambre, carecen de lo básico, no tienen medicamentos en los hospitales y muchos tienen que inmigrar para subsistir.
No se sabe cómo Dios hace las cosas; los más impresentables, execrables y los más viles criminales son los que más viven, mientras que la buena gente, los generosos, los limpios de corazón, los más humanos son los que se mueren antes. El Comandante vivió todo lo que quiso; nacido en Birán el 13 de agosto de 1926 y muere en Habana el 25 de noviembre de 2016, o sea vivió 90 años; hizo lo que quiso y como quiso con Cuba, después, a punto de palmar, cedió la poltrona a su otro longevo hermano, Raúl Castro (2008 – 2018); este lo ha dejado al verse también al borde de la ultratumba; ahora han colocado al otro espadachín de la saga de la Revolución, que es lo mismo decir castrismo, Miguel Díaz-Carnel, para seguir torturando, manipulando y sometiendo a todo el pueblo cubano. Como reza el dicho: no hay imperio que dure 100 años, ni cuerpo que lo aguante; al final el pueblo cubano ha dicho: hasta aquí hemos llegado; ha salido a la calle para exigir, reivindicar, reclamar sus libertades. Casi 60 años de dictadura, pero nunca es tarde; y esto no ha hecho más que empezar.
¿Y nosotros, qué? ¿Cuántos años llevamos con las dictaduras de los Esangui de la familia Nguema (Macías Nguema y Obiang Nguema)? ¿Qué esperamos para salir a la calle, vencer el miedo para decirle a este régimen criminal y salvaje que “trop c’est trop”, hasta aquí hemos llegado?
Nosotros, los guineoecuatorianos, que nos hemos visto pisoteados todos nuestros derechos, nos están tratando como ratas, humillados hasta matarnos de hambre, retarnos a no trabajar en nuestro propio país en lo que sabemos para engrandecerlo aún más simplemente porque nos negamos a comulgar con las ideas y maneras macabras y perniciosas del régimen; en un país donde las ratas atacan a bebés en sus chabolas donde viven, las madres abandonan a sus bebés recién nacidos en los bosques porque no tienen con qué ni cómo cuidarlos, las mujeres están secuestradas literalmente en los hospitales sin tratamiento, sin atención médica y sin alimentos porque no pueden pagar los costos en un hospital público, construido con el erario público; en un país donde cierran los colegios e institutos en el periodo escolar por capricho, ignorancia, inoperancia y/o ineptitud; en cambio, obligan a los profesores y alumnos a tener clases en el periodo estival, etc; ¿cómo es que hasta aquí y de una sola voz no hayamos salido a la calle, alzado la voz para enfrentarnos con esta oligarquía y decirles como los cubanos, y en su momento Egipto, Argelia, Libia, Sudáfrica, etc que hasta aquí hemos llegado? ¿Qué tiene que pasar con nosotros, en nuestras vidas y en nuestro país para que los guineanos demostremos que no somos marcianos, extraterrestres, ni tampoco somos humanoides; que somos tan humanos como el resto de los mortales, que padecemos lo mismo que los demás humanos; lo que duele a los demás, también nos duele a nosotros?
Al final pasará lo que tiene que pasar con el vetusto y caduco reyezuelo de Akoakam al que le están llevando de aquí para allá para intentar prolongarle más días de vida en aviones; a esa familia le gustan las nubes; cuando cumplen años, lo celebran por las nubes; cuando están enfermos, cogen aviones…; se nota que este reyezuelo no ha hecho nada provechoso ni beneficioso para el país, ni siquiera para él mismo y su familia si, para curarse tienen que coger siempre aviones; siempre que se ven apurados, cogen aviones.
Mientras, nosotros impasibles, quietos, sordos, mudos y absortos como si nada pasara con los nuestros, con nosotros mismos, o como otros tienen que venir a nuestro rescate; como si Jesucristo al que tanto acudimos, invocamos y nombramos vendrá en persona para devolvernos la dignidad que se nos han arrebatado. Al menos, Fidel Castro murió en su Cuba natal; cuentan que a pesar de las notables carencias y calamidades que padecen los cubanos, en cambio sus médicos son considerados como unos de los mejores del mundo; pero Obiang, cuando palme, ¿dónde lo hará y de qué se le agradecerá?
Hasta algún familiar de esos generalillos de pacotilla se queja y lamenta la falta de trato humano y de los derechos humanos en el país porque su familiar, enfermo y en silla de rueda ha sido tratado inhumanamente; ¿en serio? ¿Sabíais la existencia de los derechos humanos? ¿Qué os pasa por la cabeza cuando veis las torturas, los asesinatos y las vejaciones que padecemos los que no somos del régimen?
Así lo pienso y así lo digo; ¿Qué os parece?