Por José Eugenio Nsue
A pesar de que el suscribiente sea de los que aboga y cree que el fracaso y el subdesarrollo de casi la totalidad del continente africano, Guinea Ecuatorial nuestro país sobre todo, tras más de medio siglo de descolonización, no se debe atribuírselo exclusivamente a las potencias colonizadoras; nuestro continente no fue el único colonizado, ni el único explotado. Un solo continente, Europa, fue el que, ¿por avaricia, afán del expansionismo o celos por el conocimiento y el incipiente desarrollo tecnológico?, emprendió campañas de exploración para descubrir y conquistar nuevos continentes imaginarios hasta entonces; así descubrió, conquistó y colonizó Asia, América, Oceanía y África. Todo lo que hizo, saqueó y se apropió en dichos continentes, está recogido en los anales de la historia universal; en cambio, solo África es el único continente que se ha quedado anclado en el pasado, arrodillado al borde de la historia llorando y lamentando su suerte, de lo que hicieron con él, lo que le llevaron y quiere que se lo devuelvan para empezar de nuevo a desarrollarse, evolucionar y a respetar los derechos humanos; o bien que le resarcen los daños y prejuicios causados; mientras que todos los demás continentes y sus países, en su mayoría, se las han arreglado haciendo de su capa un sayo y han salido adelante; muchos de ellos son hoy verdaderas potencias mundiales en el desarrollo humano, económico, social, científico, industrial y tecnológico como los Estados Unidos, Canadá, Australia, Corea del Sur, Japón, Indonesia, India, Méjico, etc, etc.
Hablando concretamente de la República de Guinea Ecuatorial; el artículo de Crispín Mba, «No hay nada que hacer con España, confianza en lo nuestro» del 16 de octubre (https://www.radiomacuto.net/2021/10/16/no-hay-nada-que-hacer-con-espana-confianza-en-lo-nuestro/), además de muy bien enfocado, pone de relieve la actuación de España con respecto a Guinea Ecuatorial siempre; cómo los ilusos guineanos, políticos sobre todo, siguen añorando para que la antigua metrópoli, la ‘madre patria’ salga al auxilio de sus ‘hijos’ a pesar de que la administración española (los gobiernos) nunca les ha importado Guinea, ha jugado sucio siempre en sus relaciones con su ex colonia si no abandonarlo a su suerte.
En todo ese tiempo de matrimonio de conveniencia; en la pre independencia, el interés de España fue puramente mercantil, comercial: trata negrera, obtención de la materia prima…; en la autonomía, asegurarse la fuente de la materia prima (madera, cacao, café, palmiste, caucho, etc); en la independencia, total desencuentro; periodo de amor-odio, actitud paternalista mal entendida, la inoperancia y la soberbia de la clase política guineana… Las administraciones españolas nunca se habían puesto de acuerdo de lo que hacer con Guinea ni siquiera para consensuar quién tenía que llevar las riendas de ese recién nacido Estado; una facción del Gobierno de Franco apoyaba a Bonifacio Ondo Edu, Presidente de la Autonomía entonces; mientras que la otra facción apoyaba a Atanasio Ndong Miyón, un activista pro independencia; entre tanto, un verso suelto, el abogado Antonino García-Trevijano apoyó para torpedear cualquier intento de tutela del franquismo al nuevo Estado guineano al esquizofrénico Francisco Macías Nguema que finalmente ganó las elecciones. Tras la independencia de 1968 y tras la brusca ruptura de relaciones unilateralmente de Macías con España, Franco declaró a Guinea materia reservada; es decir, no hablar, hacer ni informar nada que tenga que ver con Guinea; para la España de Franco, Guinea Ecuatorial no existía, situación que siguió casi hasta los gobiernos de Felipe González.
Cuentan que el fallecido Adolfo Suárez, su Gobierno, con la anuencia del Rey emérito, Don Juan Carlos I, aceptó y apoyó el golpe de Estado que perpetraron los oficiales de la Promoción de Zaragoza el 3 de agosto de 1979, y poco después, en diciembre del mismo año visitaron Guinea los Reyes Don Juan Carlos I y Doña Sofía para reanudar de alguna forma las relaciones bilaterales rotas por el anterior dictador guineano y reforzar el liderazgo del actual dictador; poco más. En el tercer mandato de Felipe González, intentó aglutinar a toda la oposición dividida guineana en el exilio (España) en los años 90 para que formara un solo bloque, tener un único interlocutor que represente a todos para así poder ayudarles tanto a nivel político como económico; aquello fracasó. José María Aznar, en la década de los 2000, parece que intentó ayudar a una parte de la oposición, el Centro Derecha, para que fuera una sólida y verdadera alternativa a la cruel dictadura de Guinea; inexplicablemente aquello también fracasó. Desde entonces, todos los demás Gobiernos habidos españoles, no solo no han vuelto a interesarles el caso Guinea, no les ha importado ni lo más mínimo la violencia, el maltrato y el sufrimiento del pueblo guineano; más bien los sucesivos ejecutivos españoles han apostado por estrechar las relaciones con la dictadura de Obiang, ningunear y hasta perseguir a la oposición afincada en España; hasta Zapatero y su ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, sin pudor ni vergüenza llegaron a encarcelar al histórico opositor Severo Moto con una falaz y rocambolesca acusación como que ese quería ir a dar un golpe de Estado a Obiang con un subfusil destartalado sin municiones y una obsoleta pistola con un puñal de municiones de otro calibre escondidos en un vehículo igual de destartalado sacado de una chatarra; le fueron cortando todas las ayudas que recibía de sus amigos empresarios con la amenaza de que si continuaban ayudándole, les acusarían de colaborar con golpistas. En el Hemiciclo del Congreso, el susodicho Miguel Ángel Moratinos llegó a decir que «el Gobierno socialista seguirá apoyando a Obiang pese a quien le pese».
Sabíamos pues que a los políticos españoles les importaba un comino al pueblo de Guinea, lo único que les interesa de Guinea son sus recursos naturales que están dispuestos a pactar hasta con el mismísimo diablo de Obiang Nguema con tal de participar en su explotación; como esos pertenecen a la familia real de Akoakam que los subasta a los mejores postores, ahí están los Moratinos, Bono, Zapatero, Soria, Arístegui, Ábalos, etc, etc arrodillados ante el rey Obiang pidiendo que les deje aunque sean las migajas de la suculenta tarta; esos que aquí en España se les llena la boca de los Derechos Humanos, hablan de luchar contra las dictaduras y dicen ser firmes defensores de la dignidad humana y de los pueblos oprimidos; ja, ja, ja. Hatajo de sinvergüenzas.
El colmo de los despropósitos del comportamiento de los españoles (dirigentes) con Guinea que han mandado la ética, la moral y la humanidad a pasear y han sucumbido ante los encantos del placer que da el dinero, está siendo esa otra clase no menos influyente de los ‘intelectuales’; esos sabios y grandes pensadores de la actual España, personas que pasan por los platós de televisión y programas de radio de muchísima audiencia hablando y condenando las violaciones de los derechos humanos allá donde se producen, son implacables en sus críticas con los dictadores, pero a la hora de la verdad, cuando hay intereses económicos de por medio, se transforman. Antes fue Luis María Ansón, después Eduardo Inda; ahora Bieito Rubido, director de ABC; su periódico no ha dudado ni un segundo en sucumbir ante la lluvia de millones que los Obiang derrochan con tal de perpetuarse en el poder; poderoso caballero es don dinero. El diamante, el oro, el coltán, el petróleo, la madera, etc, etc aunque manchados de sangre, compran las voluntades de cualquiera; ante ello, no hay moral que valga, lamentablemente.
Ahora que ya sabemos que cada vez quedan menos políticos y personajes de palabra con escrúpulos; ahora que nos hemos dado cuenta que si queremos que se vayan la dictadura y los dictadores del Gobierno de nuestro país no contamos con la ayuda de España, es hora de decirles parafraseando a Vladimir Lenin: si España no puede ser parte de la solución en la causa guineana, que tampoco sea parte del problema.
¡¡ España, leave my country. Go home!! Déjennos en paz con nuestro sambenito; ya encontraremos quiénes ayudarnos a acabar con este régimen.
Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?