Por José Eugenio Nsue

Hasta cuando tocaba guardar el silencio como San José esposo de María en todo el proceso de la concepción, nacimiento y crecimiento de Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros, para asimilar ese gran misterio, celebrar la Navidad, disfrutar de la familia y de la vida, además de felicitar a los parientes y amigos, y desearles todo lo mejor allá donde estén; viendo y oyendo lo que pasa en la jungla que la maligna familia real de Akoakam ha convertido Guinea Ecuatorial, le revientan las entrañas a uno y termina hablando.

OTRO BOFETÓN A LA ERRÁTICA POLÍTICA DE OBIANG Y FAMILIA.

El incidente de Kie Osí, frontera de Guinea con Camerún, donde una mujer valiente y con un par de ovarios, ¿diplomática?, ¿Activista? ¿Abogada?, pero sobre todo, conocedora del Derecho Internacional frena en seco la devolución en caliente de los cameruneses y humilla a las enajenadas autoridades guineanas que los acompañaban.

En un francés perfecto como lo hablarían Charles Baudelair o Émile Zola, les espeta y recrimina porque no habían respetado ni los derechos más elementales de los cameruneses que iban a deportar, ni los acuerdos de la libre circulación de la zona CEMAC; muchos de los deportados tenían permiso de residencia y trabajo en Guinea, estaban trabajando y pagando impuestos además de producir riqueza en el país; expulsarlos con lo puesto sin haber cometido delito alguno y sin dejarles recoger sus pertenencias y conducidos como si fueran una piara; eso era inhumano y no debían tratar así a ningún humano. Terminó conminándoles a llamar al General o a quienes quisieran, pero que esos cameruneses no se iban a quedar ahí, que tenían que llevarlos de nuevo a sus lugares de residencia. Los enajenados y calzonazos guineanos con el rabo entre las piernas tuvieron que traerlos de vuelta a Guinea mientras iban susurrando que estaban cumpliendo órdenes de la superioridad.

Y esta es la cuestión; en este todo el mundo cumple y obedece las órdenes supremas y resulta que los supremos son todos ineptos, incultos y simios; pero a pesar de ello, se han erigido en la Norma Suprema de todo el país, están por encima de todas las leyes y la Constitución; su palabra es Ley y todo el mundo la tiene que obedecer y cumplir sí o sí aunque lo ordenado fuese ilegal, amoral, demencial o una barbaridad; no hay Magistrado, Militar, Profesor, Médico, Obispo, Sacerdote, Abogado, Economista, Diplomático de carrera, Diputado o Senador; nadie que los que se les supone algo cuerdo que diga como esta mujer de Kie Osí que así no; que no se puede tratar así a las personas. Esa obediencia ciega de los guineoecuatorianos a una sola familia y sus allegados es lo que hace que preguntemos algunos qué es lo que ha ha pasado con los nativos y con la Nación; el nivel de cobardía del guineano ya roza el paroxismo. Tampoco se salvan otros eunucos militares cameruneses (gendarmes et polices) que también obedecen las órdenes igual de injustas y absurdas como recibir a sus conciudadanos expulsados de forma ilegal e inhumana; ¿cómo van a aceptar que vengan a echar a sus ciudadanos como si fueran una mercancía sin ningún mandamiento judicial? ¿Dónde están el otro vetusto y caduco Paul Biya y su Ministro de Asuntos Exteriores; no tienen nada que decir?

Esta mujer nos ha demostrado que se puede decirles a Obiang, a Tontorín y a toda su pandilla de aduladores que NO y no pasa nada. ¿Cundirá el ejemplo o seguiremos cumpliendo las órdenes de esos simios aunque fueran injustas y amorales?

En cuanto al hombre de Akoakam (Mongomo), el pueblo natal del incombustible, longevo y vetusto rey Obiang; que lamenta no poder felicitar a sus familiares y parientes las Navidades porque pasa hambre, el pueblo guineano pasa hambre, casi todas las casa pasan hambre. De niño, dice, cuando paseaba por las calles y por las casas de sus vecinos: «percibía olores que presagiaba que se estaba cocinando verdaderas opíparas y que la gente iba a cenar o almorzar bien»; ahora no en su casa, ni en ninguna de sus vecinos, no hay nada ni olor para percibir, ni para cocinar; tampoco hay nada para ir de compras porque no trabaja nadie. «Pasamos hambre; os lo digo yo».

Distinguido paisano, gracias por tu testimonio y valentía. Lo que dices, también lo dicen todos todos mis familiares que están ahí a pesar de las tonterías, sandeces y soflamas del régimen criminal de Obiang de la paz reinante,; país alegre y libertades; país emergente. Lo mismo que cuentas es lo que cuentan todos mis familiares y pensaba que lo pasaban igual porque eran familiares de un rojo. Si pudiera, te invitaba a pasar la Nochevieja en mi humilde morada, que aquí sí hay para dar y tomar sin ser de la famila real.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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