Por José Eugenio Nsue

La muerte ha vuelto golpear durísima a la parte de los guineoecuatorianos de bien, a uno de sus verdaderos insignes hijos, a una de esas personas que cualquiera daría gracias a Dios por haberle creado porque, realmente el Doctor Wenceslao Mansogo era una excelente persona. La muerte le visitó en Francia, Saint-Étienne, en la madrugada del pasado lunes 25 del presente mes de abril.

Por más que como creyente, cuesta aceptar la teoría del sino o la predestinación según la cual, en la Biblia, Dios desde la eternidad determina lo que quiere hacer con cada una de sus criaturas, ordenando a unas para la vida eterna y a otras para la condenación perpetua; o el determinismo: doctrina filosófica según la cual todo fenómeno está prefijado de una manera necesaria por las circunstancias o condiciones en que se produce, y, por consiguiente, ninguno de los actos de nuestra voluntad es libre, sino necesariamente preestablecido. Sin embargo, lo que pasa en Guinea Ecuatorial, lo que se vive en este país parece que es el destino, algo preestablecido. No puede salir todo tan mal en tanto tiempo.

Desde que existe este país siempre mueren prematuramente ilustres y prometedores hijos que no solo daban prestigio y honor al país con sus profesiones, también habían dedicado todas sus vidas y derrochado todas las energías para la democratización del mismo.

Ahora lloramos al Doctor Mansogo; los que han convivido con él, dicen que era una excelente persona, afable en el trato, firme en sus convicciones, buen esposo y padre, creyente y practicante, y un trabajado como la copa de un pino; estudió medicina en Saint-Étienne, Francia, obteniendo un doctorado de Estado y Máster en Ciencias Biológicas y Médicas por la Universidad Jean Monnet. Tras trabajar durante muchos años en el extranjero (Francia) y viendo las carencias sanitarias de su país de nacimiento, y queriendo ayudar a su mejora, abandonó sus comodidades y su fructífero trabajo, regresó. Como es costumbre en el régimen criminal imperante de no querer ver de cerca ni aceptar a los ilustres, críticos y serios profesionales en su administración; no quisieron contar con su experiencia, entonces abrió una clínica en Bata, ‘Espoir Litoral’ (Esperanza de Litoral) donde ha ejercido como médico (Ginecología y Obstetricia) salvando muchas vidas y curando a muchos enfermos, a pesar de los innumerables obstáculos y zancadillas que los reales enemigos de la patria, los que tienen secuestrado el Estado guineano, le habían puesto.

Como político, fue uno de los fundadores del CPDS (Convergencia Para la Democracia Social de Guinea Ecuatorial) y hasta que la muerte le ha sorprendido, ha sido fiel; ostentaba el cargo de Tercer Vicesecretario General, encargado de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos; como tal era inflexible y firme en la defensa de sus principios, ideales y, sobre todo, en la defensa de la democracia, justicia y los DDHH, al mismo tiempo era dialogante, pacífico y hasta utópico al creer, como su partido, que las únicas herramientas para derrocar y acabar con la dictadura de Obiang y sus secuaces, eran las ideas y la palabra; odiaba la violencia en todas sus formas: “Nuestra sociedad vive colectivo, una profunda profunda degradación de valores humanos, cívicos y morales, y yo, no queriendo en modo alguno ceder en la fatalidad, intento contribuir con mi pequeña aportación en la lucha contra esta involución”, decía.

Lamentablemente están cayendo todos aquellos hijos del país que lo habían querido mucho y habían decidido entregarse en cuerpo y alma para hacerlo mejor, desarrollarlo y acabar con la dictadura, las torturas, la corrupción, las injusticias y el nepotismo; algunos dejaron sus trabajos y lujos en Europa y fueron a estar de cerca del régimen sanguinario y criminal del rey Obiang Nguema I pensando que su experiencia y profesionalidad podían servir para hacer funcionar el país y cambiar el chip del resto de los embrutecidos y analfabetos del régimen (Constantino Ocha’a Nve, Daniel Mba Ndemsogo, Antonio Nve Ngu, Felipe Hinestrosa o Cristóbal Mañana); todos acabaron igual, muertos. El año pasado nos dejó el abogado e incansable luchador contra la dictadura Francisco Ela Abeme (3 de agosto); ahora lloramos al Doctor Wenceslao Mansogo; la lista sería interminable de todos aquellos que se están quedando en el camino por la muerte en esta batalla de ver algún día a nuestro país liberado de la opresión y la dictadura, y limpio de tanta escoria humana.

Puede parecer que su lucha ha valido poco, que el mal está triunfando, los malvados son inmortales y Dios y la Madre Naturaleza les están premiando; nada más lejos de la verdad. Lo cierto es que en el caso de Guinea Ecuatorial, todos aquellos que de algún modo u otro se han dedicado su tiempo, se han esforzado y han arriesgado sus vidas por la causa de la democratización de nuestro país, sus esfuerzos no serán en vano; sus muertes no son más que semillas y abono de la democracia, y como todas las semillas sembradas, más pronto que tarde darán frutos abundantes y pronto se verán dichos frutos de libertad, justicia y bienestar en nuestro país.

He estado esperando desde la noticia de la muerte del Dr. Mansogo un comunicado de condolencia del partido en el poder, el PDGE, por deferencia, por humanidad o por cortesía entre dos formaciones políticas legales porque se me olvidó por algunos segundos de que estamos hablando más bien un sindicato de crímen organizado y no de humanos; ninguna mención en los medios de (in)comunicación estatales que debían de ocuparse de la actualidad de todos los guineanos de este país, pero sus “profesionales” los han convertido en medios exclusivos de la familia real de Akoakam, su órgano de propaganda PDGE y sus antenas; una vergüenza y una pena.

A pesar del silencio informativo impuesto por el régimen satánico de Obiang, nosotros, los guineanos de bien, nunca te olvidaremos, Doctor Mansogo; te tendremos presente siempre; tu coraje, tenacidad, buen hacer y tú moderación nos servirán de ejemplo.

Tu familia, amigos, Cogo, Bata y toda Guinea han perdido a un grande. Descansa en paz, Doctor, y ve con Dios.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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