Quería hacer fluir ideas de modernidad, de libertad y de progreso, de la costa al interior de Río Muni; para eso, necesitaba que el río Benito fuera navegable, al menos, hasta un poco después de la desembocadura del río Mume, y no lo consiguió, porque nadie creó en él y no obtuvo financiación para su proyecto.
Así llegó el siglo XX y «Okuiñ» no se enteró que Kennedy había sido asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963 a los 42 añitos, ni que el Apolo 11 había alunizado con humanos a bordo, el 20 de julio de 1969, ni que el generalísimo que mandó construir pueblos piloto como Bidjabidjān, Monte Bata, Bikurga…, había muerto el 20 de noviembre de 1975.
Desgraciadamente, otro hecho coincide en el tiempo con los acontecimientos antes citados: en Okuiñ, nadie supo anticiparse a la expulsión de los españoles de Guinea Ecuatorial, ni que consecuentemente sus fincas de café, cacao y piña iban a ser pasto de termitas.
Nadie en Okuiñ pudo anticiparse al hecho de que Akombang y Mbañé dejarían de ser guineanas, ni que Dragados no volvería a edificar en Bata después de la construcción del banco junto a la Plaza de la Libertad.
En Okuiñ nadie pudo anticipar que don Bonifacio Ondo Edu no gobernaría la Guinea Ecuatorial independiente, ni que notables como don Alfonso Oyono, don Atanasio Ndong Miyón, el Sr. Ibongo, de entre muchos, serían asesinados.
Por decirlo de alguna manera, después de que fracasara el proyecto de hacer navegable el río Wele más allá de Niefang, Okuiñ se ha enterado de lo que pasa en el mundo mediante la propaganda gubernamental; y tanto es así que acaban de enterarse de que Guinea Ecuatorial es un injerto, un cruce, o una criatura híbrida gestada entre Oyem y Mongomo, dada finalmente a luz por doña no sé qué de Obiang y que es una dictadura hereditaria en ciernes.