El verdadero semblante de nuestro país es de poco esquivar, para no dejar de divulgar lo contrario que acontece a pesar de la seductora e incontrolada repercusión de fama difundida a nivel internacional, pero que el tiempo nos ha ido revelado poco a poco que todo era una resonancia maquillada y plagada de positivismos irónicos, poco plausibles su auge de progreso.

En Guinea Ecuatoria, hoy en día nos encontramos naufragados en una marejada mar de asuntos imbuidos de perversión, de desorden; aún sin la mínima esperanza de una verdadera chispa de luz que nos muestre el camino de la verdad a seguir para salir de la mala marea.

Quizá no importe ni duela mucho el malévolo afán de aquellos que se empeñaron a saquear lo de todos para enriquecerse ilícitamente, no y lo que impacte más de tanto desengaño e incomodidad, y carcome nuestro valor para no seguir soñando ni pelear por nuestras esperanzas y que llene nuestras entrañas de miedo incomparable, aparte de las cicatrices de heridas causados por sus robos al tesoro público; que les han hecho fuertes acosta de nosotros para usar dicho frágil poder contra nosotros sea y es, privándonos la libertad.

La libertad de llorar nuestra desgracia en público, aunque en gran medida somos convictos de nuestras propias adversidades, por subconciencia combinada a lo largo de tanto tiempo. Porque recolectando las conciencias se puede conjugar un sólo verbo, luchar e invite unánimemente salir a recuperar lo que por desdén nos han arrancado (libertad), siempre rebelando pacíficamente contra las injusticias impuestas de manera inmerecida y asi volver a gozar de esa libertad inalienable que nos han desheredado usando todo tipo de vejación, amenaza y humillación ya que, sin libertad no se puede atrever a hablar del progreso.

Por tanto, las ignominias televisadas no pueden satisfacer ni recompensar nuestro hondo dolor y sueños violentados durante décadas, sino que es sólo una efímera estrategia para continuar irrumpiendo negativamente nuestros derechos de exigir, progresar, rebelar, conocer la verdad, vivir libremente y de torpedear, para no dar un paso cada vez que resulte necesario avanzar, sucumbir en el miedo a no ejercer hasta nuestro nato derecho de luchar pacíficamente por nuestro bien común.

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