Por José Eugenio Nsue

Cada vez que intento comprender y entender al guineano, más difícil me resulta lo que me provoca una angustia y tristeza enormes porque me doy cuenta de que el tiempo pasa, los años transcurren, uno se envejece sin poder saber, formarse una idea de la gente con la que nació, entre los cuales vive y con la que toca construir una sociedad, formar una comunidad y convivir. Está claro que si no nos entendemos, si no nos conocemos y si no somos comprendidos por los demás, es imposible hablar de sociedad o comunidad.

Posiblemente Guinea Ecuatorial sea uno de los países donde más se habla de Dios, se pronuncia su Nombre; donde más se espera de Él; posiblemente Guinea Ecuatorial sea uno de los países donde más se reza, más se encomienda a Dios, donde más iglesias y templos sectarios por habitante se construyen y donde más personas asisten, frecuentan los cultos, oficios y misas dominicales, ¿por aburrimiento por falta de alternativas del ocio o por convicción?; al mismo tiempo, también sea posiblemente uno de los países donde menos se practica y se vive el Evangelio, se aplica lo que dice la Biblia. Da la impresión de que el nombre de Dios está siendo utilizado en vano en nuestro país; está siendo para muchos por no decir para la inmensa mayoría, una coartada, una excusa para no actuar ni implicarse en la búsqueda de soluciones a los problemas y avatares que sufrimos; la cuestión es que como Dios todo lo puede, solo hay que ‘confiar’ en Él y en su providencia, invocar su nombre para así los problemas y los males del mundo y nuestros se solucionarán como por el arte de magia.

Está claro que la Oración, los rezos para los cristianos y todos los creyentes son su Alimento Espiritual, son el alimento del alma; la Oración es la única vía y el canal por el cual nos comunicamos con el ‘Más Allá’, con Dios; y no sólo las plegarias son necesarias, sino que son fundamentales ya que el mismísimo Fundador del cristianismo, Jesucristo, dijo que orásemos sin cesar: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre» (Mt.7, 7-10). También es cierto que el mismo Jesús nos recuerda que «no todo el que dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumple con la voluntad de mi Padre que está en el cielo» (Mt.7, 21-29).

Esta es la parte que se le ha olvidado al guineoecuatoriano. No basta solo con decir ‘Señor, Señor’; no basta solo con implorar la clemencia, la misericordia y la intervención divina, invocar su nombre y pedir que venga a nuestro auxilio; los israelitas sufrieron la esclavitud en Egipto siglos y siglos pero tuvo que presentarse alguien, Moisés, para rescatarlos, sacarlos de esa esclavitud y guiarlos hasta su tierra y no sin antes muchos sufrimientos (Ex.8ss); el joven David tuvo que enfrentarse al gigante Goliat para defender a su pueblo de la humillación de sus vecinos (Sam.17, 49 – 50); Juan el Bautista se enfrentó al rey Herodes y le denunció públicamente de los abusos que cometía hasta quedarse con su cuñada Herodías, la mujer de su hermano Filipo lo que le valió la decapitación (Mt.14, 1-12); ¡qué decir del mismo Jesús!, no sólo oraba, lo que hacía siempre, sino que y sobre todo actuaba, obraba, estuvo siempre al lado del pueblo sufriente que para eso vino al mundo; ahí le vemos multiplicando los panes y los peces para saciar el hambre de los pobres (Jn.6, 1-15), resucitando a Lázaro (Jn.11) y a la hija de Jairo (MC.5, 22ss) al ver el dolor y la aflicción de sus familiares; le vemos devolviendo la vista al ciego (Jn.9, 1-41), haciendo caminar al paralítico (Mt.9, 1-8), enderezando a la mujer encorvada (Lc.13, 10-17), abroncando a aquellos que habían convertido el templo en una cueva de ladrones y lugar de trapicheos (Mc.11, 15-18), etc, etc lo que demuestra que obras son amores y no buenas razones. San Bernardo y Miguel de Cervantes en El Quijote de la Mancha, segunda parte, capítulo LXXI, dicen ‘a Dios rogando con el mazo dando’.

En cambio nosotros los guineanos, los prohombres del Gobierno causantes de muchas de las desgracias que padece el pueblo, el clero, los prelados y los pastores al frente, lo único que recomiendan y nos mandan ante cualquier adversidad, atropello del régimen, injusticias sociales o ante cualquier drama, es la oración; no hay que quejarse, no hay que lamentar, no se puede preguntar el porqué, ni exigir justicia, no hay que «meterse» con el Gobierno, no hay que hablar alto; solo hay que rezar. La gente pasa hambre, vive en una absoluta miseria, carece de toda esperanza de una vida digna y un futuro halagüeño…: el remedio es rezar y más rezar; detienen injustamente a la gente, la torturan y humillan…: lo que se nos dice es que recemos y recemos mucho; la gente se muere como moscas desatendida, se enferma y no recibe ninguna atención y es abandonada a su suerte; no hay servicios sociales ni protección por parte de los que dicen que gobiernan el país: la solución es que hay que rezar, rezar y nada más que volver a rezar…

Estos días que estamos viviendo la peor tragedia de nuestra historia por el drama de Bata del pasado domingo 7 del presente mes de marzo en el que hubo una serie de detonaciones de explosivos en un depósito en el Cuartel militar de Nkoantoma llevando por delante más de un centenar de personas, casi un millar de heridos en incalculables daños materiales (casas, coches, etc); lo más seguro es nunca se sepa los datos exactos de esta tragedia, el Presidente de facto del reino de su padre, Excelentísimo ‘Queridos compatriotos’, haciendo gala de la insensibilidad y el ninguneo hacia el pueblo guineano que les caracteriza zanjó la cuestión en la misma noche de la catástrofe cuando sin pudor dijo en su idioma, el «guineo», que ‘no pasaba nada, todo estaba controlado, todo el mundo Podía regresar a sus hogares» (se supone que es lo que quería decir según los expertos del habla de esos prehomínidos porque español no es, fang tampoco; preguntados tanto a los annoboneses, bubis, combes, bujebas como a los fernandinos, ellos tampoco reconocen ese habla del Vicepresidente de su padre; ni es francés, inglés ni mandarín); ¿qué hogares había que regresar la gente si se muchos se habían quedado sin viviendas, otros seguían enterrados debajo de los escombros y muchos edificios se dañaron tanto que entrar a vivir ahí podría resultar fatal? Y todos a coro invocando el nombre del Señor, otra vez.

Todos creemos en Dios, en Jesús, su Único Hijo, y en Espíritu Santo; creemos en la resurreccion de la carne y en la vida eterna, pero también creemos que Dios nos ha hecho sin nosotros, no nos va a salvar sin nosotros. En otras partes, el mundo cristiano o creyentes, además de rezar, orar, ponen en práctica iniciativas factibles para luchar contra la opresión, las injusticias sociales y contra la pobreza: Cáritas, Cruz Roja, Manos Unidas, Cooperativas, Movilizaciones en forma de marchas y protestas pacíficas, encierros encabezados por los cardinales, obispos y sacerdotes; condenas sin paliativos de todas las injusticias, crímenes de Estado, abusos de autoridad, nepotismo, corrupción institucionalizada, etc, etc por parte de la Conferencias Episcopales, hasta se llegó a crear la Teología de liberación en América latina cuando fue necesario; decirlo, exigirlo no es pecado, ni es delito; es intentar despertar la conciencia de los que pueden hacerlo porque tienen poder, ocupan cargos, han estudiado y se comprometieron a estar con los más desfavorecidos, los marginados y los maltratados.

La idea de Dios nuestra desconcierta a muchos; ¿realmente creemos en Dios; somos cristianos? Esto empieza a cansar.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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