Ha nacido una estrella negra en el fútbol español, Ansu Fati

No debería ser noticia la hazaña o la proeza de un negro en uno de los países como España que hace siglos fue un imperio donde no se ponía el sol en los siglos XVI – XIX, se jacta y se vanagloría haber descubierto y conquistado todo un continente, el continente americano; participó activamente en el negocio de la esclavitud, la trata negra, y tuvo colonias en los cuatro continentes, Europa incluida: casi toda América menos Brasil, Haití y algunas islas caribeñas, Sáhara y la actual República de Guinea Ecuatorial, en África, y Filipinas en Asia; algunos de esos territorios estaban poblados por los negros pero en cambio, ver triunfar a un negro en el Reino de España, ver a un negro en el Gobierno, Senado o Parlamento, conduciendo o como contertulio en algún programa de la televisión o la radio, en la enseñanza, en la sanidad o en la iglesia sigue siendo una novedad si no misión imposible; hasta en la selección nacional de fútbol sobre todo donde se supone que el deporte une, es y debe ser uno de los cauces y el vehículo de la integración, ver jugar a un jugador negro en la selección española como en Francia, Alemania, Inglaterra, Portugal hasta Austria o Suecia, se puede contar con los dedos de una mano y sobrarían dedos.

De repente ha irrumpido en la élite del fútbol mundial (España es una referencia mundial de fútbol de los buenos), un chaval negro, de padres inmigrantes de Guinea Bissau que vinieron como muchos de nosotros en busca de una vida mejor, tuvieron, seguramente, que hacer los trabajos que los nativos no quieren, se afincaron definitivamente en Cataluña, Barcelona, una Comunidad Autónoma de acogida de toda la vida que algunos exaltados y fanáticos separatistas están arruinando, y ahí lo trajeron de niño y pudieron criarlo con sudor y lágrimas como todos los que hemos tenido hijos en el exilio; algún listo del FCB se fijó en él y le llevó a la Masía, cuna y fábrica de los talentos del club culé; otro listo, Ernesto Valverde, el Txingurri, le hizo debutar con el primer equipo plagado de crême de la crême del fútbol mundial, vacas sagradas como el d10s culé Messi, Luis Suárez, Gérard Piqué, Ster Stegen, Rakitic, etc; a pesar de su edad impúber, a penas tiene 17 años, empezó a brillar con luz propia y a apuntar maneras que cualquiera con mínimas nociones de fútbol sabe que ese chico de mirada limpia, cara de inocencia y aspecto de un seminarista de los de antes, angelical, va para estrella.

No se explica cómo es que yendo como iba el Barça de capa caída en la liga, en la final de la Copa del Rey y en la Champions league que aunque sacaba los partidos adelante todo el mundo veía que el equipo no fululaba y el único que hacía cosas esperanzadoras y levantaba tanto los partidos como los ánimos de los hinchas culés, Ansu Fati, el entrenador revulsivo, heredero del fútbol tiki taka de Johan Cruyff y Josep Guardiola, el cántabro Quique Setién le ninguneó y le devolvió al ostracismo, craso error; las consecuencias están a la vista de todos; el hombre se fue a por lana y ha salido trasquilado. Es humano querer superarse pero es inteligente conocer sus limitaciones, no todo el mundo está ni dotado ni capacitado para llevar portaaviones o la Fórmula1; tampoco todos los entrenadores están hechos para entrenar el RM, el FCB o el Bayer de Múnich.

Luis Enrique, el actual seleccionador de España, a pesar de su impronta y manías, suele tener buen tino; el haber convocado al adolescente hispanoguineano Ansu Fati, otra vez y tras la exhibición de este pasado domingo donde demostró al mundo cómo se juega al fútbol, cómo se posiciona en el campo, cómo se compenetra con los demás compañeros porque el fútbol es un deporte colectivo a pesar de la brillantez y calidad individual y es más, hacerlo de forma tan humilde, callada y solidaria, es extraordinario. Si le dieran la continuidad necesaria para que se madure y adquiera experiencia, todos convendrán conmigo en que estamos frente a un fenómeno futbolístico de este siglo XXI que dará que hablar, nos hará gozar y deleitar durante muchos años en España y si le dieran la oportunidad de evolucionar en un equipo nacional, ojalá fuera el Real Madrid, y contar con un entrenador atrevido y amante del buen fútbol, sería el no va más.

Ansu Fati es y debe ser la estrella negra, la guía que ilumina y orienta a todos esos jóvenes, adolescentes e infantes negros e inmigrantes hacia el camino del éxito; debe ser la voz y el referente a fijar para todos esos quejicas y negativistas que dicen que por ser negros y vivir en Europa, España concretamente, no hay ni salida ni esperanza de progresar porque está demostrando que sí se puede; es difícil triunfar pero no imposible. No deben ser la regla los derrotistas, los que viven de las excusas, los agitadores y confrontistas que defienden la raza y el color negro atacando y echando exabruptos a los blancos fomentando la violencia. Los Kylian Mbappé, David Alaba, Alphonso Davies, Kinsley Coman, Rodrygo, Vinicius, Mendy, etc, etc en el ámbito de fútbol, y otros tantísimos negros que estamos haciendo méritos para que nuestro color no siga siendo un estigma sino un orgullo ahí donde ejercemos en todos los ámbitos, sanitario, académico, educativo, administrativo, eclesial, militar, periodístico, hotelero…; deben ser la excepción.

El primer mundo, Europa, América del Norte, Australia y buena parte de Asia, premia el esfuerzo personal, a los genios por regla general; a eso debemos inculcar a nuestros hijos, a la cultura del esfuerzo, a no rendirse nunca y de quitar definitivamente el traje de los complejos que por impotencia o por herencia esclavista y colonizadora nos hemos llevado los negros a lo largo de la historia. Ansu Fati es el orgullo de todos los negros que peregrinamos en occidente por distintos motivos y razones, lejos de nuestras tierras; es la esperanza para todos esos niños y niñas que se portan bien, hacen caso a los consejos de sus padres y educadores y se esfuerzan en lograr y hacer realidad sus sueños.

Ojalá Dios le cuide y bendiga, él siga con esa humildad y sencillez que le caracterizan y siga haciendo caso tanto a sus progenitores, a sus profesores como a sus entrenadores para seguir creciendo. Si nuestros dirigentes políticos tuvieran vergüenza, les caerían la cara de vergüenza por ver cómo los hijos de sus países tienen que emigrar para triunfar y enriquecer aún más el primer mundo. Una verdadera lástima pero, es lo que hay.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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