La violencia institucionalizada, otra pandemia Nacional en nuestro país

Por José Eugenio Nsue

La policía ya no cobra, la policía ya pega

En todos los rincones del país se respira la violencia; la violencia es consustancial al ser guineoecuatoriano. Seguro que a los que les gusta justificar y justificarse el obrar de los guineanos van a decir que no solo es nuestra la violencia sino que es de todo el mundo, mas les advierto que ni somos ‘todo el mundo’, ni eso justifica que nosotros seamos así. Hablamos de nosotros y de lo nuestro.

La cultura de la violencia y la brutalidad se ha enraizado en nuestra sociedad, y cada vez más. En Guinea Ecuatorial la gante ya no sabe dialogar sin amenazarse; los insultos, las descalificaciones, las palabrotas y las peleas se han convertido en el pan nuestro de cada día; los padres con sus hijos, los esposos con sus esposas, los jefes con sus empleados, los hermanos con sus hermanas, todos contra todos están a la greña; el uso de la violencia, las palizas, las broncas, las torturas, las amenazas, los altercados callejeros como mecanismo para dirimir las diferencias o para corregir el mal comportamiento de los niños son lo único que une a todos los guineanos. La tortura, el maltrato físico y la violencia en todas sus modalidades se han convertido en el deporte nacional y una forma lúdica de los jóvenes y no tan jóvenes de nuestro país; hasta para ligar en Guinea, también se utiliza la violencia, verbal.

El colmo es cuando aquellos que deberían garantizar, promover, fomentar una sana convivencia, una sociedad libre de violencia, segura, justa y pacífica son los primeros que han optado por la utilización de la violencia, la tortura, los asesinatos, los encarcelamientos y los secuestros como Ley Fundamental del país de obligado cumplimiento; los organismos e instituciones oficiales, la Presidencia del Gobierno en cabeza, alentan por acción u omisión el uso de la violencia como un instrumento terapéutico para imponer su cacareada y hueca expresión en boca de esos hienas, buitres y losbos: “la paz reinante“. Hablan de paz cuando se ve todos los días cómo los ciudadanos tanto nacionales como extranjeros son maltratados en las calles, en sus vehículos, en las comisarías o en las cárceles por los mal llamados agentes y cuerpos de la seguridad del Estado, esos elementos uniformados a cual variopinta y armados hasta los dientes que no temen nada ni a nadie; actúan siempre al margen de la ley.

Las autoridades de todos los estamentos en la administración del Estado guineano creen, están convencidos de tener un patente de corso en el uso de la violencia; todas ellas no tienen nunca en cuenta ninguna normativa legal vigente ni tampoco respetan los Convenios y los Tratados Internacionales suscritos por su Gobierno contra las torturas a la hora de aplicar y usar la violencia; creen tener licencia para torturar, apropiarse indebidamente de los bienes ajenos, encarcelar y hasta para matar toda vez que han sido nombrados, como es el caso, por la familia real de Akoakam; lo mismo hacen y actúan los miembros, parientes o amigos de dicha familia aunque no tengan cargos conocidos. El simple hecho de haber nacido en el seno de la familia Obiang Nguema, ser consorte, familiar político o allegado, es suficiente para pasar a formar parte de la ‘envidiable élite’ de las autoridades con poder y ser facultado para ejercer la violencia en todas sus vertientes contra todos aquellos que no son los suyos.

Desde un simple alguacil de un Consejo de poblado del quinto pino hasta el mismísimo rey Obiang Nguema I, pasando por los presidentes de poblado, alcaldes municipales, delegados gubernativos, gobernadores provinciales, directores y secretarios generales de los ministerios, vice ministros, ministros delegados y de Estado, primeros ministros y el vicepresidente así como sus consortes y prole, tienen el poder y la facultad (no legitimidad) para mandar a encarcelar, ordenar detenciones, torturas y expropiaciones, y ellos mismos aplicar con sus propias manos cualesquiera de las prácticas violentas y vejatorias sin contemplaciones.

Los que se hacen llamar militares son el brazo ejecutor, los autores materiales de todos los crímenes, actos vandálicos, execrables y delincuenciales, dictados por el régimen (sus miembros); no necesitan ninguna orden judicial, nunca preguntan el porqué, no les tiemblan las manos con tal de recibir órdenes de atacar que para ello están adiestrados; es más, esos cuerpos y agentes de seguridad del Estado (militares, policías, gendarmes y derivados) tampoco responden ante nadie; además de los encargos que les hacen para ir a atacar desde la ‘superioridad’, ellos mismos han establecido un criterio propio para repartir hostias, su manera de “hacer justicia”; no hace falta que nadie les diga nada; cuando quieren y como quieren salen en busca de sus víctimas y hacen con ellas lo que se les ocurre impunemente; si toca volar, violan; si toca pegar, pegan; si toca apropiarse de lo ajeno, se apropian; si toca encarcelar, encarcelan; si toca extorsionar, extorsionan; y no pasa nada. Vivimos en un país donde nunca pasa nada, nadie responde por nada ni nadie paga por nada, si eres de la élite de los criminales que nos criminalizan.

Durante el macro juicio de Bata en el 2019 contra los acusados (falsamente) de intentar cometer un magnicidio contra el sátrapa y en la reciente presentación de un recurso de casación la semana anterior contra la sentencia dictada en el dicho macro juicio, la letrada María Jesús BIKENE reveló que cuando el tal Maikol irrumpió en el domicilio de uno de sus defendidos a detenerle, desvalijó además su cuarto haciéndose con un botín de más de 150000€, 1000000 de francos cefas en metálico y otros objetos de valor; en vez de depositotarlos en los juzgados o por defecto en la comisaría, se los llevó a su casa y se apropió de ello como si fuera un botín de guerra; ¿qué le han hecho? NADA. Esta semana está circulando por las redes sociales otro vídeo en el que se ve cómo unos cafres vestidos de policía aporrean salvajemente a unos adolescentes a los que tumbaban en el suelo boca abajo y les cosían a porrazos y se les veía que gozaban haciéndolo con carcajadas y caras satisfechas además de las mofas; ¿quién ordenó su detención, les condenó a ese castigo? ¿Quién autorizó a que les pegaran y qué fin perseguían? Una joven recluida sin juicio ni sentencia en Nkoantoma muere abandonada en un hospital de Bata atada de pies en una cama con grilletes y con el aspecto de las figuras del cuadro de Picasso, Gernika. Un recluta muere en Black Beach en manos de los funcionarios penitenciarios a causa de la macabra tortura recibida… Apuesto lo que sea que nadie pagará por esos crímenes porque a nadie de la familia gobernante, los Obiang, les importa la vida de ningún guineano que no sea familiar.

Está claro que a muchos guineanos les parece bien las torturas porque en su imaginario colectivo y en su credo creen que así se corrige el mal comportamiento, se paga por los delitos cometidos y se impone la autoridad, pero se olvidan que la violencia engendra siempre violencia. No es humano ningún escarmiento físico; la brutalidad no es la solución ni es buena práctica entre la gente civilizada; por eso nadie o casi nadie se conmueve cuando maltratan a sus semejantes todo lo contrario, lo ven como un acto recreativo, lúdico, normal.

Me ha llamado mucho la atención la sentencia que dicta uno de los cafres que torturan a los chavales en una comisaría: ‘ahora la policía ya no cobra, la policía pega’, lo que confirma que ese cuerpo de la seguridad del Estado al igual que el resto, hace lo que quiere, como quiere y cuando quiere sin que nada pase. Se impusieron cobrar a la gente alegremente; ahora han decido repartir palos y porrazos a todo lo que se mueve alegremente. Ellos son la ley. Cada quien hace lo que le viene en mente y no pasa nada; mientras, el heredero enajenado en Maldivas de holidays y persiguiendo a los incómodos que han practicado y practican la misma afición: saquear las arcas del Estado. Mas yo os digo que en la nueva Guinea que los guineanos de bien anhelamos y esperamos construir, estas prácticas serán erradicadas, los verdugos y torturadores todos absolutamente serán castigados por lo civil y por lo criminal; perdón, iba a decir por lo penal.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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