Trato desigual

Por Franvico Javier Ela Abeme

No se trata de comparar, sino de resaltar la arbitrariedad política con la que España aborda el tema de Guinea Ecuatorial. Si el compromiso con Guinea fuera el mismo que con Cuba o Venezuela, ya Guinea estaría disfrutando de un sistema democrático.

Pero, no es así, a pesar de los largos años que lleva nuestro Pueblo languideciendo bajo una inhumana tiranía.

El otro día le escuché a mi admiración Filiberto hablando de este mismo trato arbitrario. No se trata sólo del hecho de recibir a Leopoldo nada más aterrizar. No.


Hay todo una simbología que revela y proclama que España actúa con la convicción de que Venezuela, el Pueblo venezolano, tiene el legítimo derecho a vivir en democrática, mientras Guinea, el Pueblo ecuatoguineáno, es “un caso aparte“.

Guinea Ecuatorial, para España, sigue siendo “nuestra ex-colonia” y no un “país hermano”. Esto, en lógica consecuencia, nos debe obligar a revisar nuestras relaciones con España. De tal suerte que, si no se desarrollan como las proyectó Enrique Nvó, si España no se implica y ayuda a completar una obra inacabada, lo mejor será congelarlas.

Un pueblo no está obligado a soportar un trato vejatorio, cuando no de desprecio, sólo por ser políticamente correcto. Necesitamos saber, con hechos, que Guinea le importa algo a España.

Esto quiere decir que, un gobierno en el que es vicepresidente Pablo Iglesias, ni puede ni debe abordar el caso Guineano como lo hacían los gobiernos de Carrero Blanco o los oligarcas socialistas. El Pueblo guineano tiene derecho a vivir en democracia. Y España, su gobierno, no puede jugar con esa legítima aspiración, ignorando a los que ya llevamos años sosteniendo está batalla.

Urge que la Oposición guineana se siente con Pablo Iglesias, para que España adquiera, en serio, el compromiso de participar en el proceso democratizador de Guinea Ecuatorial. Nada de amagos y componendas. Un serio compromiso, para que los bruscos cambios que puedan sobrevenírle a Guinea, no la borren del mapa político africano.

Y si este compromiso no es posible, el antílope no es cría de elefante, encaminamos los pasos por otros caminos. Ya nos volveremos a encontrar.

La Oposición guineana, en peso, debe solicitar este encuentro. A ver si, picando las espuelas, iniciamos el galope.

Es bueno saber si Pablo sabe situar en el mapa a Guinea Ecuatorial. A ver si Pedro recibe a algún Leopoldo guineano.

Y, con esto, por hoy,

¡He dicho!

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