Por José Eugenio Nsue

La orquesta T.P. Orchestre Poly Rythmo (Soukous) congoleña cantaba desde 1978: ‘Trop parler c’est maladie‘ (hablar demasiado es una enfermedad). Yo pienso que los africanos padecemos de la incontinencia verbal, hablamos demasiado, nos quejamos por vicio, y lo único que conseguimos con esta actitud patológica y crónica es: 1. No responsabilizarnos de nuestros actos; culpamos siempre y sistemáticamente a los demás, al occidente, de nuestras desgracias; 2. Descolgarnos del vagón de desarrollo; al no tener iniciativas propias ni la capacidad de crear, de fabricar, de inventar, nos hemos descolgado de todos los avances y desarrollo tecnológico; y 3. Ser inmaduros in eternum; necesitamos que nos digan lo que hay que hacer, cómo y cuándo hay que hacerlo; nos dependemos de los demás permanentemente y queremos que nos lo faciliten absolutamente todo para luego presumir de lo que carecemos. A pesar de contar con ingentes recursos naturales que hacen ricos a todo el mundo, nosotros seguimos sumidos en la miseria más escandalosa.

Al comienzo de la pandemia que asola el mundo al comienzo del presente año, los europeos y los norteamericanos junto con los rusos y chinos se pusieron mano a la obra para encontar primero una explicación, origen y la naturaleza del virus COVID-19 que está haciendo estragos en la civilización hasta llegar a paralizar todo el planeta, y a continuación se esforzaron en encontrar el remedio para acabar con el virus, encontrar un antídoto, desarrollar una vacuna en cambio, lo único que hicimos, mejor dicho lo único que hicieron muchos africanos y los descendientes de esos fue acudir a las soluciones milagrosas inventando zumos milagrosos, brebajes y pócimas mágicas que erradicaban y mataban, afirmaban, el virus sin ninguna evidencia científica ni una eficacia probada; otros llamaban asesinos a los científicos que investigaban la elaboración y desarrollo de una vacuna porque lo que tramaban, afirmaban, era ir a África a continuar con el exterminio con sus ensayos; otros hablaban de teorías conspiranoicas donde el ‘humanoide’ Bill Gates y otros magnates estaban conspirando con acabar con los africanos por eso estaban invirtiendo en los laboratorios para que se fabriquen una vacuna para ese fin y para implantar un chip en los humanos capaz de controlar y manipular remotamente aún más a las personas, sobre todo a los negros de África. Muchos recomendaban de no dejarse vacunar bajo ningún concepto.

Nueve meses después, el occidente, como siempre, se ha dado con la fórmula para acabar con la pandemia; dicen, y no tenemos por qué negarlo simplemente porque no tenemos instrumentos científicos para ello, que han descubierto vacunas contra la COVID-19, que pronto se va a empezar a vacunar a su población. El Reino Unido ya ha empezado a vacunar a los suyos; las Agencias reguladoras de medicamentos internacionales están dando su visto bueno a esas vacunas de cuya eficacia estiman que ronda el 94% (Pfizer, Oxford/Astra Zeneca, Johnson &Johnson, Sputnik V, Sinovac, etc). Todos los países desarrollados del mundo están haciendo acopios de esas vacunas para su población que será vacunada gratuitamente a principios del año que estrenamos en breve. Ahora, ¿qué va a hacer África? ¿Alguien conoce una vacuna desarrollada o experimentada en África que se va a distribuir a corto, mediano o a largo plazo? ¿O es que ahora que los científicos e investigadores occidentales están a punto de resolver uno de los problemas que está teniendo la humanidad en este último siglo, es cuando apareceremos los africanos con caras de donde dije digo digo diego para mendigar e invocar la misericordia y la caridad? ¿Vacunar ahora contra la COVID-19 ya es seguro?

Muchos africanos estamos hartos de remar a contracorriente, de ver cómo nuestro continente se aleja del resto, de cómo queremos resaltar lo que nos separa, lo que nos divide y lo que nos difiere en vez de arrimarnos a la civilización, a la ciencia, a la tecnología y a la modernidad; presumimos de nuestros hechos diferenciales, nos gustan nuestras tradiciones y nuestras «culturas» ancestrales, pero al mismo tiempo nos atraen la tecnología, la ingeniería, la arquitectura y la ciencia occidentales. Creemos que los occidentales no quieren el desarrollo africano y somos tratados como inmaduros, pero al mismo vamos tras ellos, dependemos de ellos en todo absolutamente: cuando estamos enfermos, cogemos los aviones corriendo a Europa, América o Asia; para presumir de nuestro poder económico, venimos a Europa, América o Asia para comprar lujos (aviones, barcos, vehículos, etc); queremos vivir con dignidad, hay que importar el material occidental para construir viviendas, puentes y carreteras; hasta la vestimenta, las viandas (comestibles y bebistibles), hace falta Europa y América; los estudios, la formación militar, los políticos africanos todos, dependen de Europa.

Esta es la cruda realidad de África y de los africanos, y a pesar de ello, exacerbamos a los que dependemos y depende nuestra existencia con discursos vehementes y exaltados y con soflamas, muchas veces provocativos si no ofensivos.

Lo que pasó en la historia con África está ahí, ni se puede borrar, ni se debe olvidar, pero tenerlo como excusa permanente de nuestro fracaso y basarnos de ella (la historia) para sentarnos al borde de la vía del desarrollo y progreso para lloriquear, lamentar y maldecir nuestra desgracia, no nos va a sacar del culo de mundo en el que estamos pienso que merecidamente porque durante más de 60 años que África empezó a independizarse, no hemos querido darnos cuenta de que la caridad empieza por uno mismo; no podemos pretender que el mundo entero se apiada de nosotros, despotricarles para luego querer que vengan a nuestro auxilio. Como dijo alguien: ‘lo triste no es quejarse. Lo triste es que a muchas personas les gusta quejarse pero no hacen absolutamente nada para cambiar su situación‘. El africano ya se ha acostumbrado a morder la mano que le da de comer para después hacerse la víctima.

Si tan convencidos estamos los africanos de saber lo que hay que hacer y no, si estamos convencidos de que Europa y América nos arruinan y no quieren que progresemos y estar a su altura, ¿por qué no buscamos un plan B para que esos empiecen a tenernos en cuenta? Para empezar, presentemos nuestra vacuna anticovid ya que las occidentales se hicieron con la finalidad de exterminar África.

Pobre África, pobre de los africanos, pobre de nosotros.

Así lo pienso y así lo digo; ¿qué os parece?

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